jueves, 28 de agosto de 2008

¿Quién es el último?.......................




Según acabo de leer en el prestigioso semanal holandés Vrij Nederland, el ya tan común fenómeno de esperar en una cola -ante una taquilla de cine o una caja de supermercado, o hacer caravana en un atasco de autopista- ya se ha hecho objeto de estudios científicos.


El especialista en las matemáticas del fenómeno de las colas, Nico van Dijk, profesor en la facultad de Economía de la Universidad de Amsterdam, ha calculado que cada persona pasa en su vida un promedio de un año entero haciendo cola. Convirtiendo este año en tiempo laboral, se llega incluso a tres años de espera en una vida activa de un promedio de entre 40 y 45 años. La pregunta: "¿Quien es el último?" (parece que nadie ha pensado que el que hace la pregunta es el último) se ha convertido en una de las más oídas en la vida moderna. Esperar en las colas de un hiper le puede costar a uno ya un mínimo de media hora diaria. Luego hay las colas en los aeropuertos, las largas esperanzas en las salas de espera de los centros sanitarios, las de los cines y otros espectáculos, las de las paradas de autobuses, sin olvidar las esperanzas telefónicas (´todas nuestras líneas están ocupadas, espere, por favor´) y, por supuesto, las larguísimas filas en las autopistas atascadas.Ya el lenguaje usual está lleno de expresiones que indican el gran valor de nuestro tiempo, como ´ganar tiempo´o ´perder tiempo´, mientras cuando ´matamos el tiempo´ tan solo se trata de un tiempo en cierto modo ya perdido o, en otras palabras, inútil. Y si alguien ´atenta contra nuestro tiempo´, esto se considera casi como un atentado contra la libertad de disponer de nuestra vida tal como nosotros lo queremos.


Esperar en una larga cola significa que no tenemos ya el control sobre nuestro propio orden del día y entonces, cuando somos de un carácter impaciente, nos irritamos interiormente contra toda esa gente que nos está ´robando el tiempo´. Además existe el fenómeno que, esperando en una cola, el tiempo parece pasar mucho más lento que en una situación en la que podemos ´ocupar nuestro tiempo´ de una manera más útil o divertida. De esto, y muchas otras cosas relacionadas con el tiempo, ya habló el autor J.W. Dunne en su libro An Experiment with Time, publicado en el año 1927 del siglo pasado.


El profesor Van Dijk, que enseña Investigación y Organización Operativas, admite que esperar y sus consecuencias son en realidad un proceso sicológico. Pero, dice, la duración del tiempo de espera pertenece al terreno de las altas matemáticas: lo ilustra con un ejemplo sencillo: sacar dinero en una caja automática - es decir el tiempo de espera entre teclear el código y coger el dinero - es exáctamente de un minuto. Si en 10 minutos llegan 4 clientes, el tiempo de espera para cada uno se aumenta en medio minuto, pero si en esos 10 minutos hay ocho clientes, cada uno de ellos ya necesita 5 minutos para sacar su dinero, y con un cliente más incluso 10. Cada cliente hace aumentar el tiempo de espera con más rapidez: ´Con 9,5 clientes en 10 minutos, un aumento de apenas el 6%, el tiempo de espera ya es de 20 minutos, y cuando hay diez clientes, más vale llevar un saco de dormir.´


Desde luego, estos son los resultados teoréticos de unos análisis matemáticos y diagramas de barras de un determinado tiempo de espera, que no convierten en menos aburrido el tiempo que estamos en la cola. ¡Al contrario!,... ni del tiempo que has gastado en leer este artículo,...

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