
¿Has intentado multiplicar mentalmente dos números de ocho dígitos?, y aunque probaras, ¿podrías? Él sí. Se trata de Alberto Coto, una auténtica calculadora humana que, a pesar de ello, sigue considerándose una persona normal. A sus 38 años, este asturiano ha acumulado 16 récords relacionados con las matemáticas. Ahora recoge los frutos de su recién estrenado título de campeón mundial absoluto de cálculo mental.
Se define como escritor, pero ha ganado trece récords mundiales y tres Guiness. Alberto Coto, estrena además, el título de campeón del mundo de cálculo mental que consiguió en la ciudad alemana de Leipzig el pasado 1 de julio. Y es que, a este genio, le da igual un roto que un descosido. Desde los cinco años aprendió a entender las matemáticas jugando con su padre a las cartas y hoy resuelve hasta una multiplicación de dos números de ocho dígitos. Para él, presentarse a campeonatos o concursos forma parte de su trabajo. "Te sirven como aval para el currículum, gracias a los títulos te llaman de más sitios", afirma.
Aunque soñaba ser ciclista o biólogo, y nunca se hubiera imaginado a lo que se iba a dedicar, la profesión de calculista mental no se le está dando nada mal. Lleva desde hace años apareciendo constantemente en los medios de comunicación, de hecho, su relación con ellos es bastante curiosa, ya que se descubrió a sí mismo viendo la televisión. ¿Cómo? No sabía que poseía su habilidad matemática hasta que vio como un concursante deslumbraba mientras calculaba una multiplicación que él resolvía en la cuarta parte del tiempo. Desde entonces explota esta capacidad innata. Su faceta artística le entretiene pero le gusta más la vertiente didáctica de su trabajo. "Doy conferencias en colegios, institutos y universidades y además participo en ponencias y charlas", explica.
Con el fin de que su pasión por los números la comparta "cuanta más gente mejor", ha escrito tres libros divulgativos: El entretenimiento mental, La aventura del cálculo y Fortalece tu mente, en los que incluye juegos lógicos para fomentar la reflexión. "Busco que pueda acceder a ellos el mayor número de personas posible para terminar con la idea de que las matemáticas son el coco de los colegios". Coto cree que la clave para fomentar el interés desde el ámbito educativo es combinar los números con las explicaciones contextuales: "Deberían mezclar el lado práctico y el lado histórico, quién descubrió cada fórmula, por qué, cuándo, acercar a los niños el lado humano de las cifras".
La constancia ha sido la palabra clave para que Coto haya ejercitado su mente numérica hasta convertirla en su instrumento de trabajo, por eso, recomienda a los niños que les gusten las matemáticas "motivación, mucho trabajo y esfuerzo continuo".
Piensa que "no es difícil que te gusten las matemáticas, están por todos sitios, nos rodean, así que si las entiendes, puedes utilizarlas para jugar a la primitiva, en los juegos de azar e incluso en el deporte", como él mismo hace: "Soy corredor de maratón, me gusta mucho, me relaja, siempre he sido partidario de la expresión mens sana, in corpore sano". Quizás este sea el secreto para que uno pueda convertirse en una auténtica calculadora humana.
A pesar de todos sus logros, Coto se considera "una persona normal, sencilla, aunque con alguna peculiaridad". Se dice un apasionado de la lectura, y aunque más de uno se sorprenda, no sólo lee obras científicas, su último libro de cabecera fue El niño del pijama a rayas. Sabe disfrutar de su ocio, asegura que por eso el trabajo no le invade. "Puedo desconectar perfectamente, aunque a veces no lo hago, pero esto no me agobia, los números me gustan, conviven conmigo, los conozco y los aplico, suelo jugar con las matrículas, con lo que veo por la calle".
Ahora, con su último título conquistado, le han surgido nuevos proyectos. En España seguirá impartiendo cursos en centros en el extranjero organizará una gira de torneos escolares en México. Además, se entrena para concursar en la Olimpiada del Deporte Mental en Estambul. Quizás cuando regrese, su lista de éxitos habrá aún crecido más.



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