domingo, 4 de enero de 2009

Alberto Coto,... de nuevo,... el más rápido del mundo,...


Lo consiguió y van ya catorce récords mundiales homologados. La exhibición de cálculo que hizo ayer, tres de enero, Alberto Coto en la sala Acapulco del Casino de Asturias en Gijón dejó al público boquiabierto y eso que se trata de matemáticas. La nueva marca se queda en 3 minutos, 26 segundos y siete centésimas, 15 segundos menos que la anterior, que el mismo ostentaba con un tiempo de 3 minutos y 41 segundos.
El nuevo récord de este langreano, que a lo largo de su trayectoria como calculista ha conseguido seis títulos de campeón mundial de calculo, tres medallas de oro y una de plata en Olimpiadas Matemáticas y varios Récord Guiness, ha resultado «especial, por el hecho de intentarlo en casa».
Para batirlo, el asturiano tuvo que superar cuatro pruebas que no están al alcance de la mayoría de los mortales. La primera de ellas supuso acertar el día de la semana en que caían cada una de las 50 fechas distintas mostradas en una secuencia: 51 segundos y 26 centésimas fueron suficientes. La segunda, en resolver la raíz cuadrada de un número de seis cifras, del que obtuvo un resultado de ocho dígitos. Aquí el campeón ya 'tardó' algo más: 1 minuto, 28 segundos y 84 centésimas. Llegaría luego la prueba de la multiplicación, auténtica especialidad del langreano. Fueron dos números de ocho cifras cada uno, le bastaron 42 segundos y 69 centésimas.
La última, la suma. Coto sumó 100 dígitos consecutivamente y paró el crono en exactamente 23 segundos y 27 centésimas. Después sonrió, lo había vuelto a hacer.
Sobresaliente una vez más. Y para fin de fiesta el Casino desafió al calculista a jugar con el público. ¿Cuánto dinero tiene en el bolsillo? ¿Cuántas hermanas tiene? ¿Piense en un número?
Y todo esto lo averiguó Alberto Coto a base de técnicas de encriptación y sin que supiera de antemano a qué se iba a enfrentar. Una vez más, el langreano se divirtió y asombró a cada uno de los voluntarios que se prestaron al experimento.
No fue magia, aunque a más de uno le costara creerlo.

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