
Gaza posee el estatuto de región autónoma, argumento suficiente para desbaratar la sacralización de las estructuras administrativas. En el Estado de las autonomías por excelencia, Zapatero renueva sus votos de amante de los récords y promete la financiación más autonómica de la historia, repartiendo las sobras que han rechazado los bancos. No cabe descartar que la política de esparcimiento de los euros públicos provenga de la desconfianza que le inspiran sus ministros. Prefiere poner el dinero en manos de gestores de partidos rivales -PP, PSC-, antes que encomendarlo a los escalones de su Gobierno que le están decepcionando. La maraña de la refinanciación autonómica en que se ha embarcado Zapatero admite una interpretación más perversa. So pretexto de ejercer la justicia redistributiva, el Estado aplicará a sus regiones el arma más refinada de que dispone, las matemáticas. A la hora de resolver un sistema de 17 ecuaciones diferenciales, el Gobierno ha inundado su propuesta de parámetros esotéricos que dilatan su capacidad de maniobra. Un entusiasta del juego limpio defenderá que el resultado final va a ser una sorpresa para los propios economistas gubernamentales. Este salto al vacío parece incluso irresponsable, y la suspicacia inherente al análisis de las actuaciones políticas obliga a evaluar si se está actuando en sentido contrario al oficialmente descrito. A saber, las variables rebuscadas y ofuscadas ensombrecerían un veredicto dictado de antemano, con lo que el artefacto matemático se limitaría a blindar la arbitrariedad subyacente.Una parte sustancial de la pirotecnia numérica se refugia en el concepto de "población ajustada", surgida de correcciones por la dispersión territorial o el envejecimiento. Si la distribución de caudales entre regiones ya amenazaba con incendiar pasiones de vecindario, la rivalidad se enconará cuando el Gobierno concluya que un millón de valencianos equivalen a setecientos mil aragoneses -una especulación, porque La Moncloa no ha difundido los furtivos criterios de ajuste-, y así sucesivamente. La evaluación de los ciudadanos en referencia a su entorno puede empeorar la situación que vino a remediar. El gabinete de Zapatero es consciente de pisar terreno resbaladizo. La decisión de premiar a las comunidades ricas se disfraza de "fondo de competitividad", que los socialistas han logrado describir sin apuntar en ninguna ocasión a su verdadera naturaleza.Como de costumbre, Zapatero acierta más en las formas que en las cifras. En las negociaciones de la financiación o emancipación territorial -dado el margen de recaudación cedida- ha inaugurado el bilateralismo multilateral, al brindar a las 17 comunidades el cara a cara que reclaman las nacionalidades históricas. El trato dispensado por el líder socialista a los presidentes autonómicos del PP mejora el escaso cariño que brindaba Aznar a los miembros de su gabinete. El desdén del amigo de Bush hacia sus ministros se recoge en el famoso comentario de uno de ellos, después de que el entonces inquilino de La Moncloa pasara a su lado sin saludarlo. "¿Tú crees que éste sabe que todavía somos ministros?".
Para completar el mapa de la financiación, sólo faltaba la estrepitosa intervención de Rajoy, proclamando el inmovilismo en el reparto del pastel. El presidente del PP siempre esgrime excelentes argumentos para no adoptar una decisión. Su reproche a un Zapatero empeñado en contentar a todo el mundo omite la precisión sobre las autonomías a las que se debería descontentar. Genéricamente, un español acomodado vive mejor en una región rica, en tanto que un ciudadano en situación apurada puede encontrar servicios de mayor calidad -ordenadores por alumno en colegios públicos, habitaciones individuales en hospitales- en una Comunidad menos boyante económicamente. Esta paradoja es el nudo gordiano que han de deshacer las ecuaciones del Gobierno.
Tolstoi comienza "Ana Karenina" con una de las frases más citadas y discutibles de la historia de la literatura, "Todas las familias felices se asemejan, mientras que cada familia infeliz lo es a su manera". En contra de esta distinción, todas las comunidades autónomas se parecen porque son infelices. Cada una de ellas se considera no sólo desfavorecida, sino la más desfavorecida. El sentimiento de discriminación es otro vínculo que refuerza la solidaridad entre las regiones españolas, por encima incluso del fútbol.



1 comentario:
COMO buen anarquista, mi abuelo desconfiaba de todos los dioses convencionales menos de uno: la ciencia. En verdad, había cambiado una religión por otra y con idéntico proselitismo quería convertirme. Todavía recuerdo alguno de los chascarrillos que utilizaba para demostrarme la impunidad de las matemáticas y lo equivocadas que estaban las sagradas escrituras. Como el de las ovejas. Mi abuelo cogía once papelitos y me contaba que un pastor se los dejó en herencia a sus tres hijos. Al mayor le dio la mitad; al mediano, la cuarta parte; y al pequeño, la sexta. El reparto se sometía a una sola condición: las ovejas debían quedar vivas y enteras. Pero a los hijos no les salían cuentas sin sacrificar alguna. Estaban a punto de quebrantar la voluntad de su padre cuando apareció otro pastor amigo. El mayor le contó el problema y el buen hombre le dio la solución: toma una oveja de las mías y vuelve a partir. Mi abuelo añadía un papelito. Ya eran doce. El hijo mayor tomó seis; el mediano, tres; y el pequeño, dos. En total, once ovejas. El pastor recuperaba la suya y los hijos salían ganando. Todos felices. Mi abuelo, más que ninguno. Sonreía como un prestidigitador victorioso mientras recogía los papelitos. Y yo aplaudía sorprendido. Mejor dicho: embaucado. Timado. Estafado. Porque no era un cuento: era un truco. Mi abuelo me engañaba sin saberlo porque él mismo estaba engañado. Creía que la oveja de ida y vuelta ponía fin al cuento. Pero esa oveja de más no era la solución: era el problema.
Por eso tampoco me creo el nuevo modelo de financiación con el que Zapatero ha seducido a la práctica unanimidad de presidentes autonómicos. Ya no me asombra la audacia con que representa el papel de pastor amigo, sino la simpleza y candidez de los que se lo han tragado. Desde Aguirre a Ibarretxe. A todos les ha prometido más de lo que reciben ahora y a todos conforme a los criterios que ellos mismos han exigido. La propuesta toma la población como referente principal con las correcciones de superficie, dispersión, insularidad, envejecimiento, edad en la atención sanitaria y edad escolar. Igual que los hijos del pastor, las Comunidades Autónomas recibirán más de lo que al principio les correspondía con las cuentas justas. Pero para que cuadren es necesario que Zapatero tenga guardada una oveja en la manga. Todos sabemos que no la tiene. ¿Dónde está el truco?
Cuando el pastor repartió la herencia dejó una porción sin dueño. Porque un medio, más un cuarto, más un sexto, no hacen la unidad. Al añadir la oveja y redondear, los hijos se apropiaron de esa parte. En el documento del 30 de diciembre de 2008, además de los distintos Fondos de Convergencia para igualar, Zapatero ha incluido unos "recursos adicionales" para desequilibrar. Unas cloacas de dinero clandestino para que la oveja de alguien se la coman otros. Esa oveja se llama deuda histórica y era de Andalucía. En el fondo mi abuelo tenía razón: las matemáticas no engañan. A los ingenuos, sí. Y a los sumisos, también.
Antonio Manuel (Córdoba)
Publicar un comentario