miércoles, 25 de febrero de 2009

La Mallorca más animada


Largometrajes, cortos, anuncios publicitarios, videojuegos o programas educativos. Hoy en día la animación está integrada en el lenguaje visual de cualquier medio, forma parte de nuestro entorno cotidiano. Sus personajes nos conmueven, son casi tan reales como los actores de carne y hueso y, sin embargo, ¿qué conocemos realmente de estos mundos virtuales?
Cuando Eric –el protagonista del corto The mirror– se enfurece, o Nati –la niña de Semilla del Recuerdo– nos mira con ojos de infinita tristeza, quizá desconocemos que detrás de escenas tan hermosas se esconden fórmulas matemáticas.
Juan Montes de Oca, director del master MA ISCA de la Universitat de les Illes Balears (UIB), explica que, actualmente, el lenguaje audiovisual es una vía más de comunicación que permite contar historias, sensaciones, sentimientos o formas de pensar. Se trata, en definitiva, de otro lenguaje que puede aprenderse, como el habla o la escritura. Posee, además, un extenso campo de aplicación en numerosas áreas y si se conoce su funcionamiento, puede ser una herramienta de interacción muy útil. Le parece paradójico que tratándose de una industria que representa a uno de los sectores económicos con mayores beneficios del mundo, en nuestro país todavía no existan circuitos normalizados de formación.
Montes de Oca lleva más de dos décadas dedicándose a la animación por ordenador como creador y docente. Sus comienzos se remontan a 1988, cuando el Departamento de Matemáticas e Informática de la UIB, dirigido entonces por Josep Blat, apostó por su proyecto de crear un Grupo de Animación por Ordenador. Una iniciativa pionera que convirtió a la Universidad Balear en el primer centro español que incorporaba en sus contenidos la utilización de las Nuevas Tecnologías.
Dos años más tarde se lleva a cabo la primera edición del master europeo en creación audiovisual MA ISCA (Master of Art in Image Synthesis and Computer Animation), enmarcado en el programa formativo de la Comunidad Europea, y en el año 1995 se creó LADAT (Laboratorio de Infografía y Tecnología Multimedia Avanzada), un espacio que aúna desde entonces todas las actividades que realiza el equipo de animación del Departamento de Matemáticas e Informática. La experiencia en este campo no puede haber sido más fructífera, ya que, en estos poco más de 20 años, han obtenido 115 premios internacionales y 700 nominaciones, entre los que destacan: dos primeros premios en IMAGINA (Montecarlo), tres premios en LEAF (Londres) o el premio al mejor cortometraje europeo en la Bienal de Venecia, por citar sólo alguno de ellos.
Muchas de las animaciones de este grupo están realizadas con formatos híbridos que mezclan bidimensionalidad y tridimensionalidad. Ya que, a partir de aquí pueden realizarse diferentes combinaciones: fondos o paisajes en dos dimensiones con los personajes creados por ordenador en 3D o a la inversa. Existe también la opción 2.5D, un término que describe un mundo en dos dimensiones pero dotado de una sensación de profundidad.
Otras líneas de trabajo de este Grupo son las nuevas estéticas en la producción audiovisual infográfica y la investigación sobre el habla –un elemento clave, ya que la parte acústica debe sincronizarse con la visual– y las expresiones sintéticas –movimientos y gestos faciales– también tienen que coordinarse para que el resultado final sea creíble.
Montes de Oca explica que, en principio, no realizan trabajos por encargo, sólo aceptan un proyecto si se les da libertad para emplear en su producción innovaciones estéticas, narrativas, técnicas y de contenidos. Y en este sentido tienen muy buenas experiencias, ya que han desarrollado producciones, como los cortometrajes en 3D sobre la prevención de riesgos laborales o la violencia de género, en los que se abordaban estos temas tan serios con imágenes de ficción, para que su mensaje llegue más directo al público.
La creación animada tiene para los profanos una atmósfera casi mágica. Los movimientos de los personajes, los escenarios y los objetos parece que surgieran de la pantalla como el conejo de la chistera de un ilusionista. Cuando un audiovisual está bien realizado las imágenes fluyen, los efectos no se ven. Una percepción que, según Montes de Oca, sólo se consigue con un minucioso trabajo en el que la parte personal representa, al menos, un 80% del conjunto.
En contra de lo que puede parecer a simple vista, la animación por ordenador es lenta y sistemática, sigue unas etapas fijadas de antemano, y cualquier improvisación en una de ellas puede significar un muro infranqueable que de al traste con todo el trabajo.
Cualquier producción de este tipo siempre comienza con una buena idea explicada detalladamente en un guión literario y técnico que se plasmará gráficamente en un storyboard –reproducción gráfica en forma de viñetas–. Posteriormente, viene la animática, un montaje previo a la realización que permite una primera visualización de la película con los efectos de sonido, y que sirve para que el autor tenga una idea aproximada del resultado final.
Los personajes son un elemento básico, a través de ellos se cuenta la historia, y en buena medida son la clave para que el trabajo tenga éxito. En el momento de diseñarlos hay que tener en cuenta qué acciones van a realizar y planificar también otros muchos detalles, para que más tarde, a la hora de animarlos, no ocasionen problemas.
El proceso de creación tridimensional comienza con el modelado de los personajes y escenarios en tres ejes, y continúa con la texturización para darles una apariencia real. Y una vez realizadas ambas se inicia la animación. A diferencia del cine, que cuando el director grita «acción» se comienza a rodar, paradójicamente, aquí no se mueve nada, y cada elemento ha de ser definido uno a uno para que solapándolos se consiga la paralelización en el tiempo de movimiento que representa la animación.
Uno de los últimos pasos es el render, un proceso de cálculo complejo desarrollado por el ordenador y que consiste en generar una imagen o animación 3D a partir de un modelo. La parte final es la edición y el montaje, en las que se dan los últimos toques a los efectos visuales y de audio y se introduce cabecera, créditos y subtítulos. En definitiva, todo un proceso laborioso que en un corto de tres minutos supone unas 4.500 imágenes y muchos meses de trabajo.

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