
Ocurrió el pasado domingo, en un restaurante del casco antiguo de Nápoles. El profesor de Matemáticas Annibale Grizzana , tras consultar la carta que le trajo el camarero pidió una ensalada y un filete con patatas. El camarero Giuseppe Buzzati , que resultó ser además el dueño del local, aconsejó al cliente que probase el guisado de oveja especialidad de la casa. El matemático, sin entrar en polémica sobre las excelencias del guiso, expuso al camarero que muchas gracias, que tenía el estómago delicado, y se mantuvo en lo que pidió. Insistió el camarero con firmeza y el cliente volvió a negarse, ya molesto. La polémica fue agriándose hasta el punto que Grizzana expresó su intención de marcharse. El camarero-propietario dio por zanjada la discusión pero, a la hora de servir el filete le arreó al cliente la ración de oveja. Un desastre. Podemos imaginar la escena. El matemático, hombre al parecer frugal, que ensalada y filete. El tabernero, hombre de gran autoestima, que la oveja estaba riquísima. El matemático, que le daba igual. El tabernero, que cómo coño le iba a dar igual si no la había probado. El matemático, que su estómago no estaba para ovejas. El tabernero, que vaya una mierda de cliente. El matemático que ¿a que me voy? El tabernero que vale, que está bien, que qué carácter. Luego le metió la menestra por pelotas. Fue entonces cuando la cosa subió de tono. El matemático perdió la paciencia y el tabernero perdió los papeles. El altercado, como era de prever, acabó en el Juzgado, con muy mala pinta para el tabernero.



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