miércoles, 4 de marzo de 2009

A Baldomero no le oyen la lección en Paraguay


El ejemplo de Baldomero prueba en forma tan categórica como dramática lo que planteaba Bill Gates en una promocionada charla que dio el mes pasado en Long Beach, California, sobre diez años de experiencia acumulada por su fundación filantrópica en el área educativa. El factor más determinante de la educación, el único que realmente puede hacer una diferencia, es el buen maestro, pese a lo cual es por lo general el elemento que menos atención recibe por parte de las instituciones responsables.

Desde que se puso en marcha la pretendida “reforma educativa” en el Paraguay en 1994 se han invertido, sin considerar el actual presupuesto, unos 4.600 millones de dólares, con resultados absolutamente insatisfactorios. En la última prueba del Sistema Nacional de Evaluación del Proceso Educativo (SNEPE 2006-2007), menos del 7,5 por ciento de los 15.000 estudiantes examinados lograron alcanzar el tercio más alto de competencia (en una modesta escala de 1 a 3) en lengua y literatura, matemáticas y ciencias básicas, mientras que, de 0 a 60, el “pensamiento crítico” de los alumnos apenas alcanzó un promedio de 33.

ENFASIS EN LO ACCESORIO: Parte de la razón es que la reforma ha puesto demasiado énfasis y enormes recursos en lo accesorio, como la modificación del currículum y la fundamentación de proyectos, y no en lo más elemental, la calidad de los maestros. La historia de Baldomero González ilustra perfectamente esta realidad. En 2002 Baldomero ni siquiera había terminado su secundario y se había hecho maestro de la escuelita 4.450 de su comunidad casi por casualidad, para suplir a su hermana que había dejado su cargo por maternidad. Sorprendentemente, sus alumnos, la mayoría de los cuales asistían descalzos a clases combinadas en la única aula de la escuela, consiguieron las más altas calificaciones en matemáticas en el SNEPE de ese año, por encima de instituciones mucho más renombradas, tanto públicas como privadas, en todo el país. El hecho provocó inmediatamente la curiosidad de los principales medios de comunicación, lo que les aseguró a un orgulloso Baldomero y sus exultantes alumnos un fugaz momento de notoriedad y gloria. Luego de la publicación en ABC Color, que llegó con enviados especiales a la recóndita compañía “Obligado Km. 22”, todos querían hablar con ellos, todos les ofrecían algo. Fueron invitados a Asunción, recibidos por la entonces ministra de Educación, Blanca Ovelar, visitaron el Palacio de Gobierno y la Biblioteca Nacional, fueron felicitados públicamente por funcionarios y activistas de organizaciones no gubernamentales, bajo los flashes de la prensa y las cámaras de televisión.

SIETE AÑOS DESPUÉS: ¿Qué pasó después? Lo encontramos a Baldomero en su misma escuelita, que está exactamente igual que antes, donde sigue impartiendo clases combinadas de todos los grados a unos 40 alumnos de todas las edades, aunque ahora recategorizado con cargo de director, lo que le permite acceder a un sueldo un poco más alto.
Baldomero González: Cuenta que recibieron un lote de libros de la editorial Santillana para las distintas áreas, una camionada de ladrillos de un programa televisivo, algunos obsequios de gente que conocieron cuando estuvieron en Asunción, materiales didácticos que les entregó la ministra y un cheque de 6 millones de guaraníes de una universidad privada que nunca pudieron efectivizar por falta de fondos. También se le ofreció a Baldomero una beca de la ONG Sumando para continuar sus estudios, pero “lastimosamente no se pudo concretar” porque tenía que volver a Asunción para continuar las tratativas y ya no le fue posible. El, por su parte, pudo completar su secundario en el colegio La Cruz de la cooperativa Colonias Unidas de Obligado, y estaba siguiendo su formación en el instituto privado Divina Esperanza de Encarnación, pero tuvo que abandonar porque le resultaba muy difícil trasladarse a la capital del departamento para asistir a clases y rendir los exámenes. Pese a todo, Baldomero se muestra agradecido con la gente que lo ayudó y habló bien del programa Escuela Viva, en el marco del cual pudieron realizar algunas mejoras con la cooperación de padres y pobladores, aunque no es suficiente

.AULAS, COMPUTADORAS: “Siempre estamos en una escuela-rancho. Nosotros necesitamos la construcción de aulas modernas, con computadoras si es posible. Queremos también mejorar como las demás instituciones, pero no podemos”, se lamentó. El apoyo que reciben tanto él como muchísimos otros maestros con merecimientos es prácticamente nulo, se limita al rubro que cobran con cierta regularidad. “Quisiera hacer más, poder aprender más cosas y trasladar a los alumnos, pero se hace lo que se puede. En Encarnación hay una institución de formación profesional, pero para nosotros es imposible asistir. Nosotros para conseguir cualquier poquita cosa lo único que nos queda es hacer huelga. Yo no estoy de acuerdo con eso, pero no hay otro medio porque, o si no, ellos no nos atienden, una lástima”.

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