
Intentar entrevistar a Concepción Mayor Jiménez es una labor casi imposible si en este concepto no se admiten alusiones a conocidas personas de su época profesional, valoraciones de la situación en que vivía Soria (España) la difícil etapa de la postguerra, interrupciones - que no permite recoger - en torno al cariño que le procesan pueblos enteros por donde ha impartido clases y situaciones personales de verdadero compromiso asumidas con una gran dosis de humildad y humanidad, y que no es capaz de relatar sin emocionarse.
Encontrarse con ella es sumergirse entre números por puro placer y como cimiento de otras vivencias. Hablar de doña Concha (como es conocida) es referirse a una institución en la docencia pública de Soria y un verdadero referente en lo que a la asignatura de Matemáticas se refiere. No en vano, media provincia y buena parte de otras e incluso de países de lengua castellana han aprendido y repasado esta disciplina con el apoyo de un libro que ronda la treintena.
Se trata de 'Base' con 1.331 problemas resueltos de aritmética, geometría, física y geografía, adaptado a los niveles de adquisiciones y aprobado por el Ministerio de Educación. Concepción Mayor es protagonista porque, ya jubilada y a sus 81 años, ha actualizado 'Base' el pasado año "le he pasado de pesetas a euros y añadido algunas cuestiones más" con ocasión de un período de convalecencia que no pudo aguantar sin actividad.
Esta actualización ha sido el homenaje al co autor del volumen; su marido Cesidio del Río Laseca, con quien compartió docencia, academia, y una vida en común que les proporcionó cinco hijos y once nietos. Su libro no fue fruto sólo de su amor por las matemáticas sino como resultado de un compromiso entre ellos, su existencia y la gente que les rodeaba.
"El primer pueblo donde estuve fue Fuentetecha, es increíble lo feliz que allí fui. Mi casa la de todos los vecinos. Tuve hasta 59 alumnos recién aprobadas las oposiciones", comenta. La felicidad y el reconocimiento hacia sus habitantes se repitió en Abejar y después en la capital.
Sus conceptos: Para Concha, el número 'pi' (3,1416) no es un círculo al que le cruzan rayas, sino el perímetro de una mesa camilla abrazada por un metro de sastre con el que medir sus distancias.
Su docencia es un medio de amar a los semejantes "procurando transmitirles lo que quiero que ellos aprendan, y siempre dentro del amor, porque lo que no se aprende con cariño no sirve para nada. Transmitirles conocimientos es amarles, ayudándoles a todos los niveles". Los alumnos en la escuela son "ángeles, sin malicia ninguna, por lo menos en aquellos tiempos". "Cuántos besos habré dado. Alguna vez pienso si me pasaría, porque ahora enseguida se habla de abusos y yo me digo...". "Decía Gabriela Mistral que el maestro cuando entra al colegio deja las penas afuera y dentro el periódico, ese que se 'abría' al llegar a casa en términos como... "la señorita ha dicho esto, la señorita ha dicho lo otro...".
Su concepto de las matemáticas es básico - y nunca mejor dícho - porque fundamenta el éxito de su estudio en la base, en no pasar a un escalón superior si no se ha entendido el anterior, y en ese concepto está fundamentado el diseño de la portada del libro 'Base', del que es autor su marido, Cesidio del Río. Nunca se puede subir al segundo piso sin pasar por el primero.
Sorprende que Concepción Mayor defina las Matemáticas como "la ciencia de la belleza". Dice: "Es una materia sin mentira en la que todo se va demostrando, se va llegando de un concepto muy suave a otro más áspero, que también los hay, pero con una base buena no puede haber a quien no le guste. Lo que siempre he intentado conseguir es convertir las matemáticas en un juego". "Yo siempre les digo a mis alumnos que si no entienden, no asientan. Si se comprende, se asimila, se busca otra, se amplía. No comprende que haya a quien no le guste esta materia y sólo argumenta esta situación como "una falta de base". "Si tiene base, tiene que gustarle; encadenándolo todo no puede haber fracaso", asegura. Su pedagogía, por encima de lo que esa ciencia implica, supone la lógica de la reciprocidad. "Si tu quieres a los niños es imposible que no te quieran". Recuerda a muchos de los suyos por sus nombres y apellidos, con un común denominador: el cariño y el respeto mutuo.
'Base', con problemas de estadística: "Mis recuerdos de aquella época escolar en el colegio Juan Yagüe (el centro de la Barriada que ahora lleva el nombre de Doce Linajes) son muy bonitos; de gente muy cercana y, a pesar de que las condiciones no eran como las de un centro actual, las relaciones las convertían en algo muy llevadero". F.F.M. es una antigua alumna que vivió toda su etapa escolar en aquel colegio y no quiso cambiar de centro a pesar de que su familia -con otras dos hermanas con las que simultaneó estancia en aquel Juan Yagüe- cambió de zona de residencia. Guarda un especial cariño del trato recibido por la directora del centro, doña Concha y de su marido Cesidio del Río. Un trato que define como de familiar, cálido y cercano. Y lo que tiene claro es que la base educativa que adquirió en aquel colegio fue excelente "sobre todo en matemáticas", señala. No eran tiempos fáciles, recuerda, "yo me quedaba al comedor y pedía chuletas, de esas que nunca había y en el recreo nos daban leche en polvo. Teníamos clases de permanencias y asistíamos también algunos sábados para hacer manualidades", recuerda. Esta alumna hace hincapié en que en invierno, el centro de cada aula era una estufa de leña que - a veces - se alimentaba con tacos que iban a buscar los niños, como diversión. "En ocasiones los niños más alejados tenían que acercarse al corro. De hecho, relata como aprovechando un pleno municipal, un grupo de alumnos irrumpieron para solicitar una ayuda que dotase al centro de un sistema de calefacción. El colegio felicitaba las navidades a los responsables de las administraciones en Soria con las tarjetas que elaboraban los alumnos, nunca se compraron, y eso nos encantaba".
"En alguna ocasión, mis padres tuvieron que ausentarse un tiempo por cuestiones familiares y doña Concha y su marido se hicieron cargo de la más pequeña en su casa y en el colegio. Además, como las dos familias vivíamos cerca ellos nos acercaban al colegio en coche. Por ello digo que mi sentimiento hacia doña Concha y toda su familia es francamente agradecido y entrañable".
Esta antigua alumna recalca el respeto que en ese colegio mixto existía hacia el alumno y, en cuanto a las matemáticas, incide en la facilidad de doña Concha para hacerlas comprender".
Encontrarse con ella es sumergirse entre números por puro placer y como cimiento de otras vivencias. Hablar de doña Concha (como es conocida) es referirse a una institución en la docencia pública de Soria y un verdadero referente en lo que a la asignatura de Matemáticas se refiere. No en vano, media provincia y buena parte de otras e incluso de países de lengua castellana han aprendido y repasado esta disciplina con el apoyo de un libro que ronda la treintena.
Se trata de 'Base' con 1.331 problemas resueltos de aritmética, geometría, física y geografía, adaptado a los niveles de adquisiciones y aprobado por el Ministerio de Educación. Concepción Mayor es protagonista porque, ya jubilada y a sus 81 años, ha actualizado 'Base' el pasado año "le he pasado de pesetas a euros y añadido algunas cuestiones más" con ocasión de un período de convalecencia que no pudo aguantar sin actividad.
Esta actualización ha sido el homenaje al co autor del volumen; su marido Cesidio del Río Laseca, con quien compartió docencia, academia, y una vida en común que les proporcionó cinco hijos y once nietos. Su libro no fue fruto sólo de su amor por las matemáticas sino como resultado de un compromiso entre ellos, su existencia y la gente que les rodeaba.
"El primer pueblo donde estuve fue Fuentetecha, es increíble lo feliz que allí fui. Mi casa la de todos los vecinos. Tuve hasta 59 alumnos recién aprobadas las oposiciones", comenta. La felicidad y el reconocimiento hacia sus habitantes se repitió en Abejar y después en la capital.
Sus conceptos: Para Concha, el número 'pi' (3,1416) no es un círculo al que le cruzan rayas, sino el perímetro de una mesa camilla abrazada por un metro de sastre con el que medir sus distancias.
Su docencia es un medio de amar a los semejantes "procurando transmitirles lo que quiero que ellos aprendan, y siempre dentro del amor, porque lo que no se aprende con cariño no sirve para nada. Transmitirles conocimientos es amarles, ayudándoles a todos los niveles". Los alumnos en la escuela son "ángeles, sin malicia ninguna, por lo menos en aquellos tiempos". "Cuántos besos habré dado. Alguna vez pienso si me pasaría, porque ahora enseguida se habla de abusos y yo me digo...". "Decía Gabriela Mistral que el maestro cuando entra al colegio deja las penas afuera y dentro el periódico, ese que se 'abría' al llegar a casa en términos como... "la señorita ha dicho esto, la señorita ha dicho lo otro...".
Su concepto de las matemáticas es básico - y nunca mejor dícho - porque fundamenta el éxito de su estudio en la base, en no pasar a un escalón superior si no se ha entendido el anterior, y en ese concepto está fundamentado el diseño de la portada del libro 'Base', del que es autor su marido, Cesidio del Río. Nunca se puede subir al segundo piso sin pasar por el primero.
Sorprende que Concepción Mayor defina las Matemáticas como "la ciencia de la belleza". Dice: "Es una materia sin mentira en la que todo se va demostrando, se va llegando de un concepto muy suave a otro más áspero, que también los hay, pero con una base buena no puede haber a quien no le guste. Lo que siempre he intentado conseguir es convertir las matemáticas en un juego". "Yo siempre les digo a mis alumnos que si no entienden, no asientan. Si se comprende, se asimila, se busca otra, se amplía. No comprende que haya a quien no le guste esta materia y sólo argumenta esta situación como "una falta de base". "Si tiene base, tiene que gustarle; encadenándolo todo no puede haber fracaso", asegura. Su pedagogía, por encima de lo que esa ciencia implica, supone la lógica de la reciprocidad. "Si tu quieres a los niños es imposible que no te quieran". Recuerda a muchos de los suyos por sus nombres y apellidos, con un común denominador: el cariño y el respeto mutuo.
'Base', con problemas de estadística: "Mis recuerdos de aquella época escolar en el colegio Juan Yagüe (el centro de la Barriada que ahora lleva el nombre de Doce Linajes) son muy bonitos; de gente muy cercana y, a pesar de que las condiciones no eran como las de un centro actual, las relaciones las convertían en algo muy llevadero". F.F.M. es una antigua alumna que vivió toda su etapa escolar en aquel colegio y no quiso cambiar de centro a pesar de que su familia -con otras dos hermanas con las que simultaneó estancia en aquel Juan Yagüe- cambió de zona de residencia. Guarda un especial cariño del trato recibido por la directora del centro, doña Concha y de su marido Cesidio del Río. Un trato que define como de familiar, cálido y cercano. Y lo que tiene claro es que la base educativa que adquirió en aquel colegio fue excelente "sobre todo en matemáticas", señala. No eran tiempos fáciles, recuerda, "yo me quedaba al comedor y pedía chuletas, de esas que nunca había y en el recreo nos daban leche en polvo. Teníamos clases de permanencias y asistíamos también algunos sábados para hacer manualidades", recuerda. Esta alumna hace hincapié en que en invierno, el centro de cada aula era una estufa de leña que - a veces - se alimentaba con tacos que iban a buscar los niños, como diversión. "En ocasiones los niños más alejados tenían que acercarse al corro. De hecho, relata como aprovechando un pleno municipal, un grupo de alumnos irrumpieron para solicitar una ayuda que dotase al centro de un sistema de calefacción. El colegio felicitaba las navidades a los responsables de las administraciones en Soria con las tarjetas que elaboraban los alumnos, nunca se compraron, y eso nos encantaba".
"En alguna ocasión, mis padres tuvieron que ausentarse un tiempo por cuestiones familiares y doña Concha y su marido se hicieron cargo de la más pequeña en su casa y en el colegio. Además, como las dos familias vivíamos cerca ellos nos acercaban al colegio en coche. Por ello digo que mi sentimiento hacia doña Concha y toda su familia es francamente agradecido y entrañable".
Esta antigua alumna recalca el respeto que en ese colegio mixto existía hacia el alumno y, en cuanto a las matemáticas, incide en la facilidad de doña Concha para hacerlas comprender".



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