
De la física matemática a la primera plana de las publicaciones literarias. Los caminos de la literatura son insospechados, pero el que ha seguido Paolo Giordano (Turín, 1982) lo es aún más. Licenciado en Física Teórica, el joven escritor italiano decidió sentarse a escribir para poner un poco de orden en su vida y acabó encontrándose con «La soledad de los números primos», una de las revelaciones literarias de la temporada que, además de valerle el Premio Strega, se ha traducido a más de una veintena de idiomas. «La física explora el mundo exterior, pero la escritura busca y profundiza en el interior de las personas», dice Giordano durante una de las muchas escalas de su maratoniana jornada de promoción en Barcelona.
A vueltas con el aislamiento y la intimidad, Giordano se sirve de lo que los matemáticos llaman números primos gemelos, aquellos entre los que siempre se interpone un número par, para trenzar una metáfora sobre la soledad. Algo que, según el italiano, va parejo de la creación. «Para mí la escritura nace de la soledad y es un ejercicio de soledad. Me resulta mucho más fácil hablar de personajes que están solos que no de lo que los rodea», señala.
A vueltas con el aislamiento y la intimidad, Giordano se sirve de lo que los matemáticos llaman números primos gemelos, aquellos entre los que siempre se interpone un número par, para trenzar una metáfora sobre la soledad. Algo que, según el italiano, va parejo de la creación. «Para mí la escritura nace de la soledad y es un ejercicio de soledad. Me resulta mucho más fácil hablar de personajes que están solos que no de lo que los rodea», señala.

Protagonizada por Alice y Mattie, dos personajes que comparten su aislamiento, «La soledad de los números primos» es una historia de amor disfrazada de algo que no se sabe muy bien qué es. Amor normal no. Eso seguro. «Eso está relacionado con mi propia dificultad para gestionar este problema», asegura Giordano. De ahí que, a pesar de que reconoce que su primera novela no se nutre de material explícitamente autobiográfico, sí que se siente cercano al personaje de Mattia. «Se me parece algo en la dificultad que tiene para concretizar, para pasar del pensamiento a la acción», asegura.
Aunque asegura que la literatura está empezando a ganarle la partida a la física, Giordano no puede evitar que el científico que lleva dentro asome la cabeza para proclamar que «la pasión por las matemáticas no es sólo un instinto racional». «Hay una emotividad detrás de este interés». Aún así, no acaba de ver demasiado claro que «La soledad de los números primos» pueda entenderse como un ejercicio de «álgebra emocional». «La vida es mucho más complicada -apunta-. No se pueden estudiar las emociones a través de las matemáticas, y no quiero que la gente piense que detrás de esta historia hay algún tipo de teoría. De hecho, si existiese una teoría sería la del caos."



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