
Ni un fleco suelto. Ésa parece ser la consigna de la Consejería de Educación y Ciencia del Principado de cara a la 'evaluación diagnóstica' a la que deberán someterse durante la última quincena del mes próximo alrededor de 15.000 alumnos asturianos, unos 7.000 de cuarto de Primaria y 8.000 más de segundo de Secundaria.
Educación acaba de distribuir entre los 439 centros educativos públicos y privados de la región en los que se desarrollará la prueba instrucciones precisas para la 'Evaluación de Diagnóstico de la Educación Asturias 2009', su denominación oficial, una convocatoria prevista por la Ley Orgánica de Educación (LOE) que constituye una de las grandes novedades de este curso escolar.
Se trata de medir el rendimiento de los alumnos en cinco competencias básicas en cada una de las etapas. Así, los alumnos 4º de Primaria tendrán que demostrar los conocimientos adquiridos en las áreas denominadas lingüística, matemáticas, conocimiento e interacción con el mundo físico, en el área social y ciudadana y en una quinta llamada 'aprender a aprender'. Mientras, en 2º de ESO, las competencias evaluables serán lingüística, matemática, conocimiento e interacción con el mundo físico, la cultural y artística y la de autonomía e iniciativa personal.
Y, como cualquier buena medición, no admite desviaciones, como se desprende de las 46 páginas del procedimiento elaborado por Educación que deberán estudiar con lupa los más de 4.000 docentes encargados de examinar a los alumnos seleccionados.
Todo empieza con una serie de «actuaciones previas a la prueba», en las que se recuerda al alumnado qué materiales va a necesitar. A saber: «Bolígrafo, que debe ser azul o negro, calculadora sencilla (para la competencia Matemática en Secundaria) y lapicero, goma, sacapuntas y lápices de colores (para las competencias cultural y artística y autonomía e iniciativa personal)».
El arduo manual de instrucciones pasa, a continuación, a detallar el calendario de aplicación de la prueba, en el que incluye «los diez minutos necesarios para la cumplimentación de los datos por parte del alumnado y para la explicación, por parte de quienes aplican la prueba, de las instrucciones, tanto de carácter general como específico, previas a que los estudiantes respondan a los distintos ejercicios».
El primer turno corresponde a los alumnos de ESO, que se enfrentarán a la evaluación los días 21 y 22 de abril en dos sesiones de 90 minutos separadas por el recreo, a las que se suma una tercera, de 40 minutos, en la que responderán cuestiones sobre su contexto familiar, acerca de sus condiciones socioeconómicas y culturales.
Después, entre el 23 y el 27 de abril, tendrán lugar las pruebas de expresión oral, tanto de castellano como de idioma, en las que se establecen diez minutos por alumno. Este es el único apartado en el que Educación deja cierta autonomía a los centros, que deberán elegir si los exámenes orales «se pasarán a un tercio, la mitad o la totalidad de los alumnos». E idéntica fórmula se aplicará en Primaria los días 28 y 29 de abril (pruebas escritas) y entre el 30 de abril y el 5 de mayo (orales).
La Dirección General de Política Educativas y Ordenación Académica llega incluso a detallar la organización de las aulas, que deben «tener unas condiciones físicas apropiadas», entre las que se citan que estar «alejadas de fuente de ruido (ambiente o exterior)» y tener «condiciones de luz idóneas». Y hasta da ejemplos de una adecuada colocación del mobiliario: «En filas y orientadas mirando al frente del aula» y «entre las mesas habrá una distancia aproximada de un metro», o «las filas de los extremos han de estar pegadas a las paredes laterales del aula».
El rigor de los docentes debe ser tal que «deben comenzar presentándose» con una frase idéntica para los 439 centros: «Como tutor/tutora del grupo, la Consejería de Educación me ha encargado la aplicación de esta prueba de Evaluación de Diagnóstico», al igual que la posterior presentación del examen: «Habéis sido elegidos para participar en un importante estudio de evaluación».
Tan poco espacio se ha dejado al azar o al criterio de los centros, que el manual incluye, en el capítulo de «posibles incidencias», instrucciones sobre qué hacer en el caso de que a algún estudiante se le hayan pegado las sábanas y llegue tarde. Al final, el profesor/profesora, «preferiblemente, alguien que no dé clase de forma habitual» a los examinados, debe «comprobar que dispone de cinta adhesiva para sellar los sobres en los que se introduzcan las distintas pruebas».
Educación acaba de distribuir entre los 439 centros educativos públicos y privados de la región en los que se desarrollará la prueba instrucciones precisas para la 'Evaluación de Diagnóstico de la Educación Asturias 2009', su denominación oficial, una convocatoria prevista por la Ley Orgánica de Educación (LOE) que constituye una de las grandes novedades de este curso escolar.
Se trata de medir el rendimiento de los alumnos en cinco competencias básicas en cada una de las etapas. Así, los alumnos 4º de Primaria tendrán que demostrar los conocimientos adquiridos en las áreas denominadas lingüística, matemáticas, conocimiento e interacción con el mundo físico, en el área social y ciudadana y en una quinta llamada 'aprender a aprender'. Mientras, en 2º de ESO, las competencias evaluables serán lingüística, matemática, conocimiento e interacción con el mundo físico, la cultural y artística y la de autonomía e iniciativa personal.
Y, como cualquier buena medición, no admite desviaciones, como se desprende de las 46 páginas del procedimiento elaborado por Educación que deberán estudiar con lupa los más de 4.000 docentes encargados de examinar a los alumnos seleccionados.
Todo empieza con una serie de «actuaciones previas a la prueba», en las que se recuerda al alumnado qué materiales va a necesitar. A saber: «Bolígrafo, que debe ser azul o negro, calculadora sencilla (para la competencia Matemática en Secundaria) y lapicero, goma, sacapuntas y lápices de colores (para las competencias cultural y artística y autonomía e iniciativa personal)».
El arduo manual de instrucciones pasa, a continuación, a detallar el calendario de aplicación de la prueba, en el que incluye «los diez minutos necesarios para la cumplimentación de los datos por parte del alumnado y para la explicación, por parte de quienes aplican la prueba, de las instrucciones, tanto de carácter general como específico, previas a que los estudiantes respondan a los distintos ejercicios».
El primer turno corresponde a los alumnos de ESO, que se enfrentarán a la evaluación los días 21 y 22 de abril en dos sesiones de 90 minutos separadas por el recreo, a las que se suma una tercera, de 40 minutos, en la que responderán cuestiones sobre su contexto familiar, acerca de sus condiciones socioeconómicas y culturales.
Después, entre el 23 y el 27 de abril, tendrán lugar las pruebas de expresión oral, tanto de castellano como de idioma, en las que se establecen diez minutos por alumno. Este es el único apartado en el que Educación deja cierta autonomía a los centros, que deberán elegir si los exámenes orales «se pasarán a un tercio, la mitad o la totalidad de los alumnos». E idéntica fórmula se aplicará en Primaria los días 28 y 29 de abril (pruebas escritas) y entre el 30 de abril y el 5 de mayo (orales).
La Dirección General de Política Educativas y Ordenación Académica llega incluso a detallar la organización de las aulas, que deben «tener unas condiciones físicas apropiadas», entre las que se citan que estar «alejadas de fuente de ruido (ambiente o exterior)» y tener «condiciones de luz idóneas». Y hasta da ejemplos de una adecuada colocación del mobiliario: «En filas y orientadas mirando al frente del aula» y «entre las mesas habrá una distancia aproximada de un metro», o «las filas de los extremos han de estar pegadas a las paredes laterales del aula».
El rigor de los docentes debe ser tal que «deben comenzar presentándose» con una frase idéntica para los 439 centros: «Como tutor/tutora del grupo, la Consejería de Educación me ha encargado la aplicación de esta prueba de Evaluación de Diagnóstico», al igual que la posterior presentación del examen: «Habéis sido elegidos para participar en un importante estudio de evaluación».
Tan poco espacio se ha dejado al azar o al criterio de los centros, que el manual incluye, en el capítulo de «posibles incidencias», instrucciones sobre qué hacer en el caso de que a algún estudiante se le hayan pegado las sábanas y llegue tarde. Al final, el profesor/profesora, «preferiblemente, alguien que no dé clase de forma habitual» a los examinados, debe «comprobar que dispone de cinta adhesiva para sellar los sobres en los que se introduzcan las distintas pruebas».



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