
«No sé muy bien qué interés tiene que me jubile», espeta Emilio Santos antes de entrar en harina. No llega a comprender que su retiro, su abandono de las aulas, significa la despedida docente de una de las personas que ha marcado el rumbo del Concejo de Gozón en la última década. Primero, como director del Colegio La Canal de Luanco; luego, como alcalde socialista en dos mandatos, entre 1991 y 1995 y entre 1999 y 2003. Entre medias, cuatro años en la oposición. Antes de la política fue la enseñanza. Seis años como director del Colegio La Canal, durante los que su forma de impartir clase, en el área de Matemáticas, le proporcionó un lustre que aún se recuerda en Luanco. Emilio Santos, «Tano» para los amigos, por lo de Salustiano, su segundo nombre, intervino ayer en la última sesión de evaluación de su vida académica en el Colegio Aramo de Oviedo, centro en el que ha terminado su etapa docente. Lo hizo cansado. «La noche anterior dormí mal. Estaba preocupado. Ingresar en una nueva etapa vital, después de cuatro décadas de enseñanza, es para preocuparse», reconoce Santos. No obstante, el ya ex profesor, intentaba mitigar el impacto de su jubilación. «Ahora, más o menos, lo disimulo. Lo malo llegará en septiembre, cuando me dé cuenta de que ya no tengo que empezar el curso», señala Santos, que no hará nada especial para disfrutar de su descanso. «Ni las Mauricio ni las Seychelles ni nada. Acaso quince días por España, como siempre he hecho en verano. El resto, en Luanco», comenta.
Emilio Santos se especializó en matemáticas por Horacio Gutiérrez. «Era un profesor brillante y nos metió el veneno de las ciencias. En Luanco siempre hubo muchos matemáticos. Por algo será», comenta el docente ya jubilado. Por Gutiérrez inició su tránsito por la educación. Primero en Viodo, en 1966, luego en San Martín de Podes y, finalmente, en La Canal, del que fue director durante ocho años. Repitió cargo en el Baudilio Arce de Oviedo. La Gesta y el Aramo, también de la capital, completan su trayectoria. A Santos le tocó capear con la educación del régimen, con la de la transición y con la de la democracia consolidada. «Cada etapa era inherente a las características de la sociedad. Todas son particulares. La enseñanza no puede ser estática, sino aspirar a modificar la realidad», comenta el ex profesor, aunque él prefiera el término maestro. Emilio Santos considera la extensión de la enseñanza obligatoria hasta los 16 años como el momento más importante de sus 43 años de carrera. Defensor a ultranza de la educación pública, se vanagloria de haberla impulsado en Gozón durante su mandato. «El concejo sigue siendo uno de los pocos donde no hay colegios concertados porque no son necesarios», espeta. Pero ¿político o docente? «Todo es política. Todo. En cierto modo, la enseñanza está politizada, como todos los ámbitos de la sociedad», concluye Santos.



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