
Matemáticas es, para muchos alumnos, sinónimo de pesadilla. Aunque, al igual que cuando se aprende a nadar, el secreto consiste en perder el miedo. El centro de enseñanza Kumon de Alcalá huele a nuevo, como si la pintura aún estuviera fresca, pero lo cierto es que ya ha cumplido su primer aniversario. Sus paredes blancas y los tonos azules convierten a la pequeña sede en un espacio tranquilo, relajante y acogedor. "Nuestro trabajo como educadores no es llenar a los niños de conocimientos como si fueran cajas vacías, sino animarles a que quieran aprender", decía el profesor japonés Toru Kumon para describir la esencia del método que creó en 1954.
Lo que pretenden desde esta particular escuela es que los niños y niñas a partir de dos años desarrollen habilidades anteriores al estudio, como la concentración, la autonomía o el hábito.
Carla, de cuatro años, mira atenta mientras su padre, Ramón habla con Sergio, profesor de Kumon Alcalá. Permanece sentada mientras balancea las piernas y no interrumpe en ningún momento. "Eso antes era imposible, ¡no se estaba quieta!", bromea Ramón. Y es que el sistema de Kumon se basa en la práctica, dejando de lado la teoría, para que sea el niño o la niña el que aprenda por sí mismo cosas tan universales y básicas como la autodisciplina. "Hemos perdido un poco la referencia de la práctica. Nuestro trabajo aquí es como dar los mimbres para tejer los cestos: si no tienes paciencia o capacidad de concentración, no puedes resolver un problema", explica Sergio. Junto a él, dos asistentes ayudan a los casi setenta niños con los que cuenta el centro.
Los ejercicios aumentan de dificultad a lo largo de 21 niveles que abordan todo el temario de cálculo desde Educación Infantil hasta Bachillerato. El tiempo de permanencia en el centro depende de las necesidades del alumno, pero la media es de 27 meses. "Esto no es una academia de repaso, no permitimos que lo vean como una solución a corto plazo para aprobar en septiembre", comenta Sergio. No obstante, la nota de Marta, de ocho años, ha subido de 'Bien' a 'Notable' desde que empezó en Kumon. "Como Marta, hay niños que han avanzado tres o cuatro niveles con respecto a cuando llegaron", afirma Sergio. El esfuerzo no es sólo suyo, pues los padres también deben hacer los 'deberes'. "Cuando llegas a casa cansado te tienes que poner con las niñas a corregir los fallos. Si ellas han hecho un esfuerzo, tú también tienes que hacerlo", asegura Ramón. Además, este mes comienza un programa de lectura que trabajará la comprensión y el hábito.
Con tan sólo veinte minutos de trabajo diario los niños podrán decir lo mismo que uno de los eslóganes de este centro de enseñanza: "Soy una máquina de las matemáticas, ¿vale?"



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