jueves, 22 de octubre de 2009

Carta a Aníbal Alonso Fernández, un gran profesor


 
Educar a un joven no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía. (John Ruskin).

Hace ya casi dos décadas, pero a mí me parece que fue ayer. Recuerdo tu voz, aquella pizarra verde y la tiza que te manchaba los pantalones, la cara y aquel jersey de lana gorda que siempre llevabas. La verdad que hacía un frío terrible en aquella Academia. Un día me preguntaste: ¿Por qué decidiste venir a clase particular? ¡Mi madre me obliga! Fue la respuesta. No sé si llegaste a saber la verdad a lo largo de esos años que fui tu alumna y por ello es por lo que te escribo esta carta.
Las razones no fueron muy profundas, ni mucho menos intelectuales, pues con mis sobresalientes creía que era un bicho raro. Se trataba de una cuestión amorosa de una cría adolescente. ¡Sí! Me gustaba un chico al que tú dabas clase y convencí a mi madre para apuntarme. Una decisión tan tonta marcaría mi forma de pensar, que, incluso, influye hoy en día en la metodología empleada con mis alumnos.
¿Por qué me quedé en la Academia si el joven que me atraía se borró? Pues porque tú hiciste posible que las Matemáticas, la Física y la Química me parecieran un misterio que había que resolver. Despertaste en mí el deseo por descubrir y apropiarme del poder que otorgaban los números y las fórmulas. Cada día que asistía a tus clases salía maravillada, alegre y orgullosa de mí misma.
Recuerdo que un día te dije que había dejado de escuchar a los profesores del Instituto porque me aburrían, y te prefería a ti. Y era cierto. En una semana me explicabas lo que ellos hacían en un mes, y las tres semanas que nos quedaban me proponías «retos». Contigo las Matemáticas eran poderosas y tenían algo de mágico. Nunca olvidaré tu demostración de 2+2=5. Recuerdo los ejemplos en Física: comprendimos la aceleración subiendo y bajando la rampa del «Carbonero».
Entre aquellos años de clases particulares y todos los que ejerciste tu profesión en los institutos, habrás puesto cientos de ejemplos ingeniosos que marcan la diferencia entre tú y muchos otros enseñantes.
Quiero que sepas que en mi vida de estudiante sólo he tenido dos buenos profesores, y tú eres uno de ellos, el que me hizo «amar» las Ciencias. Fue una profesora la que logró interesarme por las Letras.
Te he admirado siempre por tu saber y por tu estilo. Me encantaban tus clases por tu humor negro y tu ironía. Nunca dejé de considerarme tu alumna, y como a mí seguro que le pasaría a muchos-as chicos y chicas que han tenido la suerte de tenerte en el aula. Eres de esos profesores que influyen en los alumnos, de esos profesores que recordarás siempre, de esos que evocas con frecuencia: «Como decía un profe de Matemáticas que tuve yo y se llamaba Aníbal...». Eres de los que yo considero verdaderos enseñantes, educadores, formadores del pensamiento.
Quiero decirte que siempre has sido un modelo para mí y creo que has dado mucho y logrado entusiasmar a todos aquellos y aquellas que pensaban que las Matemáticas, la Física y la Química eran inaccesibles para ellos. Siempre te ganaste el cariño y el respeto de la clase con tu mejor receta: un kilo de práctica por cada kilo de conocimientos teóricos, añadir un sobre de humor por cada cincuenta minutos de clase y nunca olvidar a los aprendices más desaventajados.
«La ciencia se aplica a todo», nos decías. Estoy segura de que tus enseñanzas se estarán aplicando para medir el área de «aquellos praos del Sutu» que nos pintabas en la pizarra y que «heredaban tres hermanos» y que, por supuesto, no tenían ninguna forma geométrica conocida. Ya lo decías: «Esi prau yera de la familia de tola vida; dividíen con mojones que'l vecín diba moviendo pa ganar terreno. Ahora tien forma de madreña, o de pera, o de cereza picota». Pues sí, tenías razón. El prado se puede dividir en tres partes exactamente iguales (aunque nos pareciera imposible) y tenías razón en que 2+2= 5. ¡¡Y yo sé que lo puedes demostrar!! Un abrazo muy fuerte. Tu alumna para siempre.
 
MARÍA CARMEN GUTIÉRREZ VALDÉS-BANGO - ASTURIAS

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