lunes, 4 de enero de 2010

En el Sur de la Florida, estudian el cerebro de niños y niñas para enseñarles matemáticas


 
Muchos niños de 4 años no pueden contar hasta 4 cuando empiezan el preescolar, y los que asisten al Centro Infantil Stanley M. Makowski difícilmente puedan ser calificados de prodigios.
La mayoría vive en los distritos más pobres y comenzaron la escuela con un nivel muy por debajo del promedio. Pero recientemente, tres meses después de comenzar el curso, ya contaban hasta 7 y más, e incluso podían hacer sumas y restas sencillas. En el receso, Joshua usó un puntero para ilustrar un concepto matemático conocido como cardinalidad, colocando los platos en una mesa dibujada en la pizarra.
"Uno pone un plato aquí, otro aquí y otro aquí'', explicó, echándose a un lado para que pasaran otros dos estudiantes. "Y eso es todo, ¿ves?''
Durante la mayor parte del siglo pasado, los educadores y muchos científicos consideraban que los niños no podían aprender matemáticas antes de los 5 años porque el cerebro no estaba lo suficientemente desarrollado.
Pero investigaciones recientes han deshechado ese concepto y otras muchas ideas convencionales sobre Geometría, Lectura, Lenguaje y disciplina en la clase. Las conclusiones, que provienen en su mayor parte de una rama de las investigaciones llamada neurología cognoscitiva, ayudan a aclarar cuándo el cerebro de los niños pequeños está listo para comprender conceptos esenciales.
La enseñanza de conocimientos básicos, que hasta ahora en su mayoría se regían por la tradición y las conjeturas, está dando paso a métodos basados en las ciencias cognoscitivas. En varias ciudades del país, las escuelas experimentan nuevos currículos para enseñar matemáticas a los niños y niñas de preescolar.
En otras, los maestros y maestras han usado técnicas científicas para ayudar a los niños a vencer la dislexia. Y en alrededor de una docena de estados las escuelas han comenzado a usar un programa para acelerar el desarrollo de los lóbulos frontales para mejorar la disciplina en la clase.
Esta relación es nueva y tentativa, según los expertos, y muchos productos comerciales que han salido al mercado se basan más en la hipérbole que en la evidencia. Pero hay otros, como un programa de enseñanza de Matemática en los primeros grados de primaria que se usa en las escuelas de Buffalo, que ya tienen un historial establecido. Si esta y otras iniciativas similares logran imponerse, afirman los expertos, podrían transformar la enseñanza, dando a la venerable disciplina una orientación científica moderna.
En una clase típica de preescolar, los niños aprenden muy poca matemática. Es posible que practiquen contar y que miren ocasionalmente libros con números, pero eso es todo. Muchas clases dedican escasos minutos a la Matemática, según estudios recientes, mucho menos de lo que los niños pueden asimilar y no lo suficiente para preparar a los que, privados en sus casas de juegos relacionados con esa asignatura, se atrasan en el preescolar.
"Una vez que eso sucede es muy difícil ponerse al día'', dijo Julie Sarama, investigadora en la Escuela Superior de Educación de la Universidad de Buffalo, que con su esposo y colega Doug Clements, creó un programa llamado Building Blocks para mejorar la enseñanza de Matemática en los primeros grados. 
"Ellos deciden que no son buenos en Matemática y pronto la escuela y los padres lo aceptan'', dijo Clements.
En una clase de Building Blocks, los números están en las ilustraciones, en los juegos de computadora y en las lecciones, compartiendo el mismo tiempo con las letras. En la tarde de un miércoles reciente en el centro Makowski, la Escuela Pública 99 de Buffalo, Pat Andzel hizo una pregunta a su clase de preescolar:
"¿Cuántos contaron?''. Ella les había repasado el número 7. Sostuvo en alto un cartel con el 7 y preguntó a los niños qué número era; hizo que el grupo saltara siete veces contando; luego, que se tocaran la nariz siete veces. Cuando la clase terminó de contar siete objetos en un cartel, preguntó de nuevo: "¿Cuántos hay?''. "Yo nunca preguntaba eso'', afirmó Andzel en una entrevista después de la lección.
Ahora lo pregunta siempre porque eso facilita entender una idea sutil pero crucial: que el último número que dijeron mientras contaban es la cantidad, la respuesta.
El currículo incluye una amplia variedad de lecciones, actividades y programas informáticos de Matemática, todos creados a partir de conclusiones cognoscitivas. En lo que se refiere a la comprensión de los números, por ejemplo, estudios recientes sugieren que los niños de brazos pueden distinguir un objeto de uno y dos de tres.
Cuando llega a la edad preescolar, el cerebro puede usar números grandes y trata de vincular tres conceptos esenciales: cantidades físicas (siete canicas, 7 pulgadas) con los símbolos abstractos de los dígitos ("7'') y las palabras numéricas correspondientes: "siete''. Las lecciones, como la que enseñaba Andzel, tratan de fundir esta trinidad numérica, crucial para la comprensión de la Matemática básica en el preescolar.
Los niños comienzan a reconocer las figuras geométricas a los 18 meses, según los estudios; cuando llegan a preescolar, el cerebro puede comenzar a entender definiciones geométricas sencillas.
Puede hacerlo si se le enseña adecuadamente, por supuesto. Muchos libros usan un pedazo de pizza para ilustrar el triángulo, por ejemplo, aunque no sean triángulos: uno de los lados es curvo. Una vez que el niño funde la palabra triángulo con una figura específica (triángulo igual a un pedazo de pizza), es difícil que esa asociación se rompa más tarde.
En general, este currículo y otros vinculan los números con objetos, ritmos, sillas y platos en una mesa, con el mundo real. Ese es el secreto.

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