jueves, 7 de abril de 2011

En Murcia (España), puedes tener "Otra mirada a las matemáticas"


A nuestros pies, en la tarjeta de crédito y hasta en la fachada de la Catedral. Las matemáticas nos rodean con la intención de facilitarnos la vida, aunque a veces parezca que sólo nos la complican. Para perderle el miedo (a quien se lo tenga), lo mejor es darse una vuelta por el Museo de la Ciencia y el Agua de Murcia, que acoge ‘Otra mirada a las matemáticas’ una exposición que trata de romper el tópico de que geometría, aritmética y álgebra aburren hasta a las ostras.
Diseñada para todos los públicos, la muestra, que se amplía hasta el 12 de junio, da para llenar una tarde o una mañana del fin de semana. Eso sí, debe ir dispuesto a probar sus dotes de lógica, cálculo y agilidad mental en los 23 juegos que propone la exposición. Los más pequeños de la casa también tienen un espacio reservado donde darle rienda suelta a la imaginación a través de laberintos, puzzles y operaciones divertidas.
Si ahora aparta la vista de la lectura, y mira detenidamente a su alrededor, puede que se sorprenda al comprobar que las ‘mates’ están por todas partes. Haga una prueba de camino al museo. Los números están presentes en la matrícula de su vehículo, y la letra de su DNI se asigna a partir de una división. Mire al suelo: ¿por qué cree que las tapas de alcantarilla son redondas? La explicación que ofrece Alexis Brexel, monitor que atiende la exposición ‘Otra mirada a las matemáticas’, es por una cuestión de seguridad. Al tener esa forma, jamás podrán colarse por el hueco, evitando así daños a un operario que estuviera trabajando dentro. No ocurriría lo mismo en el caso de que fueran cuadradas: en diagonal la tapa sí que podría entrar. Geometría pura y dura.
¿Por qué tanto turista quiere fotografiarse delante de la fachada barroca de la Catedral? Quizás se sientan atraídos por su belleza sin saber que Jaime Bort, el arquitecto que la diseñó en el siglo XVIII, manejó el número áureo a la hora de darle las proporciones, como antes hizo el griego Fidias con el Partenón, un edificio de formas ‘perfectas’. Desde la antigüedad se piensa que a partir de esta cifra (1,6180339…), también conocida como número Fi (phi), en recuerdo del citado arquitecto y escultor, maestro de la belleza clásica, se llega a las proporciones ideales y armónicas, que hacen que un edificio o una persona nos resulten más agradables a la vista. El guarismo Fi también estaría presente en la fabulosa bóveda estrellada de la capilla de los Vélez.
El reloj que corona el frontón de la fachada principal del Ayuntamiento da la hora con números romanos. Pero tiene un ‘fallo’. Mire el cuatro, debería escribirse IV, sin embargo figura como IIII. No parece un error del maestro que lo fabricó. Alexis Brexel cree que es un detalle puramente estético, para que el 4 y el 8, que quedan enfrente uno del otro en la esfera, tengan el mismo números de elementos (IIII y VIII). También hay quien piensa que se trata de una cuestión práctica, para no confundir en la distancia las 4 con las 6 (VI). Otros relojes públicos (por ejemplo, el del andén en la estación del Carmen) aparecen igual. Ya el monarca Luis XIV introdujo el cambio en su propio nombre, porque consideraba que a él, conocido como el Rey Sol, jamás se le podía relacionar con una sustracción (en números romanos el cuatro es cinco menos uno), por tener una connotación negativa, y decidió que lo suyo era la suma (XIIII).
Leyenda o realidad, lo cierto es que en el Renacimiento, los números romanos se abandonaron porque resultaban demasiado farragosos para las operaciones complicadas. Llegaron entonces los arábigos (del 0 al 9) y con ellos el sistema decimal, empleado en la actualidad en todo el mundo. Se basa en el número 10, ¿por qué? Es una cuestión física. Sólo tiene que extender las dos manos y contar sus dedos.
¿Sigue pensando que las matemáticas son aburridas? Si la respuesta es afirmativa, entonces es que todavía no ha visto la exposición del Museo de la Ciencia.