martes, 11 de noviembre de 2008

Sin el número uno, las matemáticas no son las mismas,...


Nadie pensaba que fuera posible, pero una maldita lesión nos dejó a todos sin disfrutar de Rafa Nadal en la final de la Copa Davis. El de Manacor lo intentó hasta el final, apuró los plazos y rezó a vírgenes y santos, pero la rodilla no progresó como tendría que haberlo hecho y tuvo que tomar una de las decisiones más difíciles de su carrera. No es fácil decir 'no' a tu país y más cuando se trata de una cita tan especial como la final de una Copa Davis. Por ello, habrá que desear una pronta recuperación a Rafa y esperar que esté a punto para el comienzo de la próxima temporada, donde tendrá que volver a exprimirse para defender la catalogación de 'número uno del mundo'.
Me llama la atención la duda que se generó en Argentina sobre la posibilidad de que la lesión de Nadal y su tratamiento por parte de los medios haya tenido más que ver con la ficción, por aquello de desviar la atención y provocar la desconcentración del combinado argentino, que realidad. Que Nadal diga 'no' a los suyos les habrá resuelto tales desconfianzas.
Si antes de esta mala noticia, advertíamos que la eliminatoria, a disputar en feudo ajeno, sobre una superficie (moqueta sintética) poco proclive y rodeados de una afición enfervorecida y ávida de un triunfo histórico en esta competición, ya era complicada... imagínense ahora que el número uno no será de la partida. Nadal es un baluarte tanto dentro de la pista como en el interior del vestuario. Es un tenista de raza y un compañero de excepción. Por ello la ausencia del de Manacor en Argentina es más sentida aún si cabe. Cambio de tercio y de mentalidad, hay que pasar página. Mucho hemos presumido de la calidad del tenis español en las últimas fechas como para tirar la toalla antes de tiempo. No estará Nadal, cierto. El porcentaje de victoria disminuye, cierto. Pero no es menos cierto que tenemos a cuatro tenistas entre los veinte mejores del mundo, ocho entre los cincuenta mejores y catorce en el 'Top-100'. Por ello y porque me considero una persona positiva por naturaleza, creo que el pasodoble español aún puede sonar más fuerte que el tango argentino. 

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