jueves, 15 de enero de 2009

«La literatura, además de una gran aventura, es la ciencia de los detalles»


Javier Moreno, nacido en la solariega y barroca ciudad de provincias de Murcia en 1972 -en realidad en la platónica pedanía de La Cueva- ha sido elegido Nuevo Talento FNAC por su novela Click. Click es el sonido de un gatillo -también de una máquina de fotos- y una narración escrita con una pistola en una mano y una pluma en la otra. Una narración tensa, ágil, veloz y extraña que recorre muchos géneros y esconde más de una sorpresa. Literatura impetuosa. Ayer presentó Click en FNAC Nueva Condomina.
- El mundo no es un lugar confortable, dice el protagonista de Click, ¿quizá por esa razón se escribe, para crear otros mundos, para guarecerse del presente y sus inclemencias?
- Creo que se escribe para buscar un hogar propio, más o menos confortable; una intimidad mental más que física.
- Una novela sobre el sexo, el deseo, la soledad, la destrucción?...
- Me gusta incorporar muchos hilos en la escritura. El protagonista me lo pedía y yo me dejé seducir por él. Quería un personaje capaz de unir opuestos, que supiera que existe un vínculo entre la belleza y lo siniestro. Rilke decía que 'todo ángel es terrible? y Rimbaud escribió aquello de 'senté a la belleza en mis rodillas y la encontré amarga'.
- Es una novela sobre mujeres, pero, sobre todo, sobre la belleza.
- No es la belleza del diamante sino la que esconde muescas y restos no siempre agradables.
- El nombre del protagonista, Quisque Serezádez, se las trae.
- El comienzo, 'Pueden llamarme Quisque' es un irónico homenaje a Moby Dick. Aunque en la novela aparecen elementos muy vinculados a lo cotidiano e incluso a lo político, con ese nombre pretendía evitar cualquier referencia realista. Serezádez es un nombre parlante con una referencia directa a las Mil y una noches. Quisque somos todos.
- Vamos, que todo quisque.
- Exactamente.
- Una prosa veloz, impetuosa…
- Es la voz del personaje, un tipo que no cae del todo bien, pero que acaba seduciendo. Yo soy la décima mujer, la que no aparece en la novela.
- Nunca ha existido ningún final feliz, ¿no es muy optimista?
- Vitalmente, sólo existe un final y es poco recomendable. Pero en literatura el 'comieron perdices' es porque no nos narran el desenlace ni los posteriores malos rollos entre Cenicienta y el príncipe. Yo soy vitalista, pero no optimista. El realismo está más apegado a la realidad; el optimismo es una venda.
- Una novela que es también una ruleta rusa, ¿por qué este punto de vista o, casi mejor de mira?
- Me interesa lo fragmentario..., creo que se pueden hacer novelas con principio, nudo y desenlace, pero a mí me interesa la novela fragmentaria, que no descabalada. El click funciona como una ruleta rusa y como una ruleta de casino porque tras cada click el personaje cambia de registro, de historia, de mujer. El azar hace que cada click reoriente el vector de la narración.
- ¿La literatura tiene mucho de azar?
- Sí. Yo no me acabo de creer esos escritores, tipo Vargas Llosa, que tienen previsto todo por adelantado. Escribir es una aventura y yo escribo para divertirme y para descubrirme..., la aventura implica también un grado de azar.
- Es también un libro de fragmentos, que mezcla géneros y argumentos, una especie de puzzle narrativo.
- El puzzle es algo que me ha atraído desde niño. En mi novela anterior, el personaje iba encontrando piezas de un puzzle que le permitían crear un orden a través de lo fragmentario.
- Una novela con un toque de melancolía.
- Toda narración que tiene que ver con el pasado personal es elegíaca. No podía ser distinto el tono de la novela. Aristóteles ya dijo que todos los poetas son melancólicos..., pero yo soy melancólico vitalista, nunca derrotista.
- Narrador y poeta. ¿Para qué poetas en tiempos de miseria?
- Más que nunca se necesitan poetas en tiempo de miseria, poetas que se hagan cargo de la miseria del mundo y no se dediquen a cantar a musas celestes o hablar de buganvilla o las tórtolas amorosas. Los poetas deben hablar de su tiempo, una época en la que cohabitan muchos lenguajes. En un tiempo en que nos levantamos escuchando las noticias y nos acostamos viendo Operación Triunfo, el poeta, ese es su reto, debe unir esos mundos fragmentarios y crear un vínculo en ese caos aparente y no tan aparente.
- Una onomatopeya para el título y además el ruido de un gatillo y de una máquina de fotos. ¿Dos formas de parar el tiempo?
- Una aboca a la muerte y la otra intenta detener el instante del orgasmo. Esos dos elementos son dos formas de atrapar el tiempo. Quizá la novela no sea más que una justificación para que esos elementos, la muerte y la belleza, acabaran confluyendo.
- Usted ha estudiado matemáticas y es profesor de matemáticas, ¿qué hace metido en los berenjenales de la literatura?
- Eso me preguntan mis alumnos. Siempre he tenido interés por la literatura y la filosofía..., tengo un cierto espíritu renacentista. Quizá sorprende porque nos han inculcado esa parcelación de Ciencias y Letras. Todos no podemos saber de todo, pero una modesta pretensión de conocer no creo que esté nada mal
-Matemático es aquel que domina la ciencia de las relaciones, asegura en Click, ¿es una buena definición?
- Decía Aristóteles, vaya propaganda que le estoy haciendo hoy...
- No se preocupe, que no le van a leer...
- Es una pena... Pero decía Aristóteles que el genio es el maestro de las relaciones. Para mí las matemáticas son la poesía de la ciencia; y, desde luego, hay algunos descubrimientos científicos que están muy cerca de la mística.
- ¿La eternidad habita en los detalles?
- Por supuesto, la eternidad se hace visible gracias a los detalles. Sobre todo en la mirada que descubre los detalles, esos momentos de asombro. La literatura debería la ciencia de los detalles. Sólo somos conscientes de un 20 o un 30% de lo que vemos a lo largo del día..., el resto forma parte de casi una epilepsia no clínica. Quizá la función de la literatura sea ocuparse del otro 80% y quizá por eso un buen escritor o un buen poeta nos descubre cosas que ya sabíamos o que intuíamos pero que no somos capaces de expresar.
- ¿Existe algo llamado literatura de vanguardia?
- La vanguardia se ha convertido en un clásico y una tradición. Yo espero no encasillarme en ninguna etiqueta.
- ¿Cuáles son sus referentes literarios?
- Muchos, desde Melville a Miguel Espinosa..., soy espinosiano de los pies a la coronilla.
- Cuando pienso, algo lo escribo; dice Quisque Serezádez, ¿a usted le pasa lo mismo?
- No, todo lo que se piensa no merece la pena escribirse ni decirse..., el mundo iría aún peor.
- ¿Qué cosas no soporta en literatura?, ¿y en el día a día?
- Siempre encuentro el gusto y el placer en casi todo lo que leo. No me gusta la moda de la novela histórica, incluida la revisión y reescritura de la Guerra Civil, y las cosas esas de las criptas enigmáticas. En el día a día soy muy impaciente y no soporto las colas, los atascos y el engolfamiento en la mediocridad.
- 'Nacer en un fragmento de ópera, morir en un vals, vivir en un bolero…', ¿así le gustaría pasar por este mundo a Javier Moreno?
- Sí. La vida tiene una banda sonora y esa triple elección es muy vital y me apunto a ella.

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