
Es un hábito que cada vez suma más adeptos, especialmente entre los adolescentes, quienes pasan dos o tres semanas estudiando en el verano y no lo hacen durante el año entero. Pero también la costumbre de recurrir a un profesor particular se ha extendido entre los chicos que cursan los primeros años de una carrera universitaria, a quienes les cuesta enfrentarse a un montículo de libros y apuntes sin el apoyo de un docente. El peregrinaje por los profesores particulares que enseñan materias de secundaria comienza en diciembre, para la primera tanda de exámenes de Matemáticas, Lengua, Química y Física, Inglés o Francés; salvo excepciones, en casi todas la materias del currículo escolar hay chicos que necesitan una ayuda extra. “En mi curso, casi el 90% de mis compañeros van a profesores particulares porque suspendieron una o varias materias”, comenta Milagros, de 16 años. “Lo gracioso es que los que tienen otras actividades, como danza o hacen algún deporte además del colegio, son más responsables que los que no hacen nada más”, agrega. Para los profesores esta es una temporada alta, especialmente para aquellos que tienen fama de conocer a la perfección los programas de estudio de algunos colegios. “Yo voy a un profesor que se llena de chicos del Sagrado Corazón, del Huerto y del Santa Rosa, porque sabe qué es lo que nos tiene que enseñar para que aprobemos”, explica Verónica, que entre diciembre y febrero suspendió Matemáticas, Física y Tecnología. Muchos de los adolescentes que van a profesores lo hacen, según ellos mismos confiesan, por comodidad. “A mí no me gusta las Matemáticas, entonces durante el año no me preocupo en aprobarla porque después la preparo en dos semanas”, dice Guadalupe, que además suspendió Lengua. La razón por la que no la aprobó antes -explica la joven- es porque simplemente no prestó mucha atención. En general, los chicos no niegan que la asistencia de un profesor pueda llegar a ocasionarles problemas cuando deban enfrentarse con las exigencias de una carrera universitaria. “Yo sé que aunque sea el primer año voy a necesitar un profesor para algunas materias”, confiesa Guadalupe, que tiene intenciones de seguir Ingeniería Agronómica. Los padres muchas veces se rinden y prefieren pagarles a sus hijos un profesor antes de arriesgarse a que tengan que repetir el curso. “Son un mal necesario porque vienen a colaborar con los papás que trabajamos y no tenemos tiempo o no estamos preparados para explicarles algunas materias. Pero soy consciente de que muchas veces los chicos se acostumbran y comienzan a no prestar atención en el colegio porque después van al profesor”, explica Liliana M., madre de dos chicos. Según ella, el docente particular se transformó en una escuela paralela que resulta muy cara. “Actualmente, por materia están cobrando $ 200 o más, pero si le sumás varias materias algunos padres llegamos a pagar hasta $ 1.800 por mes”, argumenta. “Es un arma de doble filo”, añade.
“Lo que se ve es que los chicos vienen con una mala base de secundaria y es por eso que prefieren un apoyo extra o estudiar dos veces una materia, como dicen muchos”, indica Sergio Sierralta, secretario de Prensa del Centro de Estudiantes de Ciencias Económicas. Explicó que en las pruebas niveladoras que se realizan antes de que comience el dictado de clases y, luego, durante el cursado, los errores más frecuentes son con cuestiones que deberían haber sido asimiladas en el colegio, como la regla de los signos. “En la Facultad se les dicta un curso de concientización y destreza que sirve para ambientar a los chicos y también para que los profesores conozcan el nivel y la dedicación de los alumnos”, comenta Sierralta. Algebra es la materia en la que la mayoría busca la ayuda de un profesor. Sin embargo, Sierralta aseguró que prestando atención en las clases y dedicándole dos horas diarias se la puede aprobar sin inconvenientes. Pero los alumnos que deciden hacer el camino solos se topan con otras dificultades. Diego tiene 19 años y no consigue compañeros para estudiar Algebra, porque la mayoría de sus amigos van a profesores particulares. “Me iba a presentar a rendir en febrero pero no pude llegar. Además, estudiar solo te complica las cosas”, asegura.
Círculo vicioso: “El problema está en las autoridades educativas que vienen de fracaso en fracaso y los únicos conejillos de Indias son nuestros hijos”, señala Josefina Ferrer, miembro de la Comisión de Padres de la Provincia. Una de las grandes deudas de la educación con los chicos, según Ferrer, es que los adolescentes se ven obligados a estudiar contenidos que no les son atractivos, ya sea porque los programas están desactualizados o porque no se sabe aprovechar el potencial de los alumnos.“Si ellos tuvieran la posibilidad de elegir la orientación que prefieren antes de entrar al secundario se evitarían tantos fracasos o el tener que recurrir al apoyo de un profesor particular”, argumenta. De nada sirve echarles la culpa a los adolescentes -indica la mujer- ya que ellos son víctimas del sistema que no supo planificarles la vida educativa, y de los padres que muchas veces fomentan el círculo vicioso del profesor particular. En el caso de los alumnos universitarios que además de las clases que reciben en la institución optan por la ayuda extra de un docente, Ferrer asegura que se arma una especie de “universidad paralela” en la que los padres gastan mucho dinero. “Además se desaprovechan las capacidades de los docentes universitarios que están preparados para explicarle al estudiante lo que necesita y gratis”, agrega.
“Lo que se ve es que los chicos vienen con una mala base de secundaria y es por eso que prefieren un apoyo extra o estudiar dos veces una materia, como dicen muchos”, indica Sergio Sierralta, secretario de Prensa del Centro de Estudiantes de Ciencias Económicas. Explicó que en las pruebas niveladoras que se realizan antes de que comience el dictado de clases y, luego, durante el cursado, los errores más frecuentes son con cuestiones que deberían haber sido asimiladas en el colegio, como la regla de los signos. “En la Facultad se les dicta un curso de concientización y destreza que sirve para ambientar a los chicos y también para que los profesores conozcan el nivel y la dedicación de los alumnos”, comenta Sierralta. Algebra es la materia en la que la mayoría busca la ayuda de un profesor. Sin embargo, Sierralta aseguró que prestando atención en las clases y dedicándole dos horas diarias se la puede aprobar sin inconvenientes. Pero los alumnos que deciden hacer el camino solos se topan con otras dificultades. Diego tiene 19 años y no consigue compañeros para estudiar Algebra, porque la mayoría de sus amigos van a profesores particulares. “Me iba a presentar a rendir en febrero pero no pude llegar. Además, estudiar solo te complica las cosas”, asegura.
Círculo vicioso: “El problema está en las autoridades educativas que vienen de fracaso en fracaso y los únicos conejillos de Indias son nuestros hijos”, señala Josefina Ferrer, miembro de la Comisión de Padres de la Provincia. Una de las grandes deudas de la educación con los chicos, según Ferrer, es que los adolescentes se ven obligados a estudiar contenidos que no les son atractivos, ya sea porque los programas están desactualizados o porque no se sabe aprovechar el potencial de los alumnos.“Si ellos tuvieran la posibilidad de elegir la orientación que prefieren antes de entrar al secundario se evitarían tantos fracasos o el tener que recurrir al apoyo de un profesor particular”, argumenta. De nada sirve echarles la culpa a los adolescentes -indica la mujer- ya que ellos son víctimas del sistema que no supo planificarles la vida educativa, y de los padres que muchas veces fomentan el círculo vicioso del profesor particular. En el caso de los alumnos universitarios que además de las clases que reciben en la institución optan por la ayuda extra de un docente, Ferrer asegura que se arma una especie de “universidad paralela” en la que los padres gastan mucho dinero. “Además se desaprovechan las capacidades de los docentes universitarios que están preparados para explicarle al estudiante lo que necesita y gratis”, agrega.



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