domingo, 5 de abril de 2009

En el modelo educativo catalán, una prueba fiable medirá el nivel de matemáticas y lengua a los 11 años


El próximo 6 de mayo los 65.000 alumnos y alumnas que cursan sexto de Primaria en las escuelas públicas y concertadas de Catalunya se enfrentarán a tres pruebas para medir si su dominio del catalán, el castellano y las matemáticas se ajusta a lo que cabe esperar de un niño de 11 años. Pero a diferencia de las evaluaciones en apariencia similares a las que se somete el alumnado de cuarto curso de Primaria y segundo de ESO desde hace casi una década, esta vez se trata de un examen supervisado y corregido por profesorado externo al centro, lo que le otorga un innegable plus de fiabilidad. Todavía hay una característica más que agranda el perfil novedoso de la prueba: en junio los padres recibirán un informe con los resultados que han obtenido sus hijos en los tres ejercicios.
Aunque los expertos del Consell Superior d'Avaluació del Sistema Educatiu que dirige el catedrático Joaquim Prats todavía no han ultimado el diseño del informe que las escuelas harán llegar a las familias, fuentes de este organismo de la Conselleria d'Educació han avanzado que trabajan con la hipótesis de clasificar la información en tres niveles que reflejen, de forma precisa y sintética, si el alumno ha suspendido la prueba, se ha limitado a aprobarla o la ha dominado con creces. Al tratarse de exámenes donde se pedirá un nivel "básico, un mínimo de lo que hay que saber", según los técnicos, solo se darán por superados por encima del 75% de aciertos.

La prueba, que se iniciará a primera hora de la mañana y tendrá un recreo intercalado, constará de tres cuadernillos, cada uno de los cuales se tendrá que completar en 40 minutos. El de matemáticas tratará de evaluar el grado de dominio del cálculo y la capacidad para resolver problemas. La comprensión de textos y la expresión escrita, que se traducirá en una redacción en catalán y castellano, ocuparán un lugar central en los exámenes de lengua. A pesar de que tiene una importancia capital, esta vez no habrá un examen de expresión oral, a excepción de una muestra piloto de no más de 300 alumnos. La complejidad técnica que entraña aconseja esperar a que pueda generalizarse a partir de la próxima edición de las pruebas, en mayo del 2010. "Hemos de aprender a realizar ese ejercicio", admiten desde el Consell Superior d'Avaluació. Para poder analizarlo hay que contar con una tabla completa de indicadores que recoja diferentes aspectos. Cuestiones tales como si el alumno enfatiza el final de las frases o respeta los signos de puntuación figurarían por derecho propio en ella. Extender ese ejercicio a los 65.000 evaluados conllevaría, además, ampliar el tiempo destinado a la realización de los ejercicios y distribuirlos a lo largo de dos jornadas. En posteriores ediciones se quiere evaluar asimismo el dominio del inglés.

Los expertos insisten en la utilidad de las conclusiones que se obtendrán de unas pruebas de diagnóstico de la situación diseñadas, aplicadas y corregidas por profesorado externo al centro que se comparan a las de selectividad, a pesar de que estas se sitúen al final del bachillerato, otorguen una nota númerica y pretendan fijar un orden de prelación para acceder a la universidad.

El hecho de que se sitúen al final del ciclo de primaria les concede un valor añadido: permite evaluar el conjunto de la etapa, introducir cambios para tratar de mejorar las tasas colectivas de rendimiento y trasladar a los institutos de enseñanza secundaria, desgajados de las escuelas, una información valiosa acerca de las capacidades de cada alumno.A partir de una serie de tres años consecutivos de resultados, se considera que los datos comenzarán a ser de interés para los inspectores a la hora de identificar los puntos fuertes y débiles de cada escuela. "Si un centro logra elevar año tras año el listón de competencias del alumnado y otro, de las mismas características en cuanto a la composición de las familias, no lo consigue, entonces habrá que ver qué está haciendo uno o deja de hacer el otro para poder corregir la situación", señalan desde Educació.

Aunque las juntas de evaluación dispondrán de los resultados de las pruebas y no tienen por qué ignorarlos a la hora de tomar una decisión acerca de si promocionan a un alumno a primero de ESO o le dejan un año más en primaria, los exámenes de competencias básicas no condicionarán el pase a la secundaria. Entre otras razones porque la ley orgánica de educación (LOE) no prevé que sea preciso superarlos para saltar de etapa.

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