miércoles, 15 de abril de 2009

Juan Antonio Zufiria, Presidente de IBM para el Sur de Europa e Israel: “En España sobra talento, pero falta audacia empresarial”


Entró en IBM en 1987 y hace tres meses fue nombrado presidente de la multinacional informática para España, Portugal, Grecia e Israel, en sustitución de Amparo Moraleda. En plena crisis y con la innovación tecnológica convertida en el mantra del momento, las palabras de este cerebro –doctor en Ingeniería Aeronáutica y Matemáticas, número uno de su promoción con 16 matrículas de honor en su currículum– son escuchadas como un oráculo. Habla el talento, publicado en www.elperiodico.com

–Llega a lo más alto de IBM en el peor momento.

–A los científicos nos gustan los problemas. Yo no diría que este es un mal momento, sino un momento interesante. En las últimas semanas se están tomando las decisiones que configurarán cómo va a ser nuestro mundo el día de mañana. Hay quien piensa que estamos en un túnel, y que cuando salgamos de él, el mundo volverá a ser como antes. Es un error. El mundo ya nunca volverá a ser como era.

–¿Cómo hemos llegado hasta esta crisis? ¿En qué nos hemos equivocado?

–Hace 15 años se empezó a pensar que habíamos descubierto la máquina perfecta. Creímos que nuestra economía podía crecer indefinidamente, que los recursos eran ilimitados, que habíamos controlado la inflación para siempre. Nos fascinó tanto ese modelo que lo acabamos estresando. Pensamos: “Oye, si funciona, forcémoslo un poco más, y luego un poco más”. Pero ese modelo tenía riesgos detrás que no se tuvieron en cuenta, y cuando estos riesgos se han materializado, el castillo de naipes se ha venido abajo.

–¿Y ahora qué?

–Este colapso tiene algo bueno, y es que la gente va a tener que pararse y decidir. El que se quede quieto, va mal. Hemos de construir otros motores nuevos para la economía. El debate es dónde debe ir el dinero que se va a inyectar. Nosotros pensamos que hay que avanzar hacia un nuevo modelo: el planeta inteligente. Hoy tenemos un elemento que no hubo en otras crisis anteriores: la tecnología. Gracias a ella podemos construir una sociedad más inteligente y eficiente que la que teníamos antes.

–¿Cómo? ¿Qué innovaciones se podrían aplicar para avanzar hacia ese planeta inteligente del que habla?

–Le pondré varios ejemplos. El 60% de la electricidad que producimos en todo el planeta se pierde en el camino porque las redes de distribución no son eficientes. Ahora mismo estamos trabajando en la construcción de una red inteligente en la isla de Malta para optimizar la gestión de la energía eléctrica. También hemos creado un sistema dinámico de gestión del tráfico que se autorregula en tiempo real y él solo elimina los atascos. Así hemos reducido un 18% los atascos en Estocolmo, y ahora estamos trabajando en Londres. Voy a darle otro ejemplo: en Extremadura estamos poniendo en marcha la receta electrónica. Si en toda España se implantara, los médicos ahorrarían un 30% de su tiempo. Actualmente la tecnología permite al médico saber, en todo momento y sin necesidad de vernos, qué marcan nuestras constantes vitales. De esta manera liberamos recursos para dedicarlos a otras tareas. Esto es hacer un mundo más inteligente.

–¿Entonces no hace falta más tecnología, sino aplicar la que hay?

–Hace falta audacia. Hoy nadie discute que la tecnología es una fuente de cambio. La cuestión es que se decida poner el dinero aquí en vez de en otro sitio. Esto va a determinar qué países salen fortalecidos de esta crisis y cuáles no. Los que tengan la audacia de utilizar este momento para construir la sociedad del futuro, en vez de parchear los problemas heredados del pasado, saldrán adelante. Se lo decimos a diario a nuestros clientes.

–¿Y qué le responden? ¿Esa idea ha calado, o aquí hay más miedo que otra cosa?

–La gente entiende la idea, pero la sociedad no está todavía en esa página. Se está más pendiente de capear el temporal y que los índices del próximo mes sean mejores. Pero es mejor aguantar varios meses con malos números, y que cuando salgamos empiece a crecer fuertemente lo nuevo que hayamos construido. Ese es el reto que tiene España en este momento.

–No sé si se ha reunido con Zapatero. Si le invitara a hablar en la Moncloa, ¿qué le contaría?

–No he hablado personalmente con él, pero el mensaje que le llevaría es claro: es hora de crear los puestos de trabajo del siglo XXI, no de volver a los del siglo XX. Sé que a corto plazo esto es más difícil, porque precisa más esfuerzo en formación y el crecimiento va a venir un poco más tarde, pero va a ser más intenso y sostenido. Para esto hay que tener el coraje de aguantar más meses con malas noticias.

–¿Cómo se crean esos empleos del siglo XXI? Éramos un país de sol y playa, luego de grúas. ¿Cómo nos convertimos de la noche a la mañana en un país de chips?

–Hay ejemplos. El Centro de Supercomputación de Barcelona que se creó hace varios años partió de una idea y hoy tiene a más de 250 personas trabajando. Es un centro reconocido a nivel mundial. Ese tipo de inversiones exigen coraje, pero cuando se hacen, resultan exitosas. Con iniciativas como esta, se puede.

–España no transmite las sensaciones de ser un país tecnológico.

–España es un país con más capacidades de las que creemos los españoles. Es cierto que en el pasado, como no éramos muy duchos en el inglés, nos limitábamos a la vida de nuestro país. Pero esto ha cambiado. Los profesionales españoles, cuando salen fuera, hoy tienen prestigio. España es un país con talento. Lo que pasa es que los españoles, por nuestra naturaleza, tenemos aversión al riesgo empresarial. Si pregunta a los estudiantes anglosajones qué quieren hacer cuando terminen los estudios, el 80% dirá: “Crear una empresa”. En España, la mayoría quieren ser funcionarios. La innovación es creatividad más riesgo empresarial. España es muy creativa, pero le falta riesgo empresarial.

–Las noticias que se oyen a diario de cierres y deslocalizaciones no invitan al riesgo.

–La deslocalización es una palabra maldita, se la suele ver negativamente, pero nosotros la consideramos como algo positivo, porque puede traernos los empleos del siglo XXI, que son los que España necesita, no los del XX. Es cierto que esto expulsará del país ciertos puestos de poco valor añadido, pero lo que interesa es que los nuevos empleos que entren sean de valor añadido.

–¿Cómo se atrae esos puestos de trabajo?

–Hoy, en la economía global, el dinero fluye por el mundo y se queda pegado donde está el talento. Le pondré un ejemplo: en IBM, que es una organización globalmente integrada, cada actividad la hacemos para todo el grupo desde el lugar del mundo donde vemos que tiene más sentido. Por eso, decidimos mover el departamento de compras a China. ¿Por qué? Porque hemos descubierto que los señores que mejor compran en el mundo son los chinos. Queremos que nuestro departamento de compras esté lleno de chinos.

–¿Y aquí para qué tenemos talento?

–IBM ha creado en España más de 1.000 puestos de trabajo en un centro internacional cuya principal tarea consiste en cobrar facturas a clientes. ¿Por qué está en España? Porque cobrar facturas implica hablar en idioma nativo, y resulta que cualquier persona joven de Europa está deseando venir a vivir a España. Así que contratamos a nativos de todas las lenguas en sus países y los traemos a España. Hemos creado un centro de software en Cáceres y otro en Salamanca. ¿Por qué en Salamanca? Porque esta ciudad tiene una universidad excelente, que genera profesionales buenísimos. El mejor centro de supercomputación en paralelo del mundo está en Barcelona. ¿Por qué? Porque allí hay muy buenos ingenieros. El dinero es muy listo y va donde está el talento.

–¿Ese talento es el que, según ha anunciado su compañía, multiplicará por 100 la capacidad del superodenador MareNostrum de Barcelona? ¿Esto qué incidencia tiene en la vida de la gente?

–Más de la que se imagina. En el MareNostrum se está trabajando en el genoma del ser humano. Pero hablamos de un individuo. Con el MareIncógnito, que multiplicará por 100 la capacidad del MareNostrum, podremos gestionar el genoma de 100.000 ciudadanos a la vez. Es decir, podríamos estudiar, de forma casi determinista, la propagación de una enfermedad en una ciudad. Imagine la cantidad de preguntas que eso abre.

–Llegó a IBM hace 22 años. ¿El futuro ha sido como lo imaginó?

–No. Sabía que la tecnología sería importante en el desarrollo de la sociedad, pero nunca imaginé que llegaría a tanto. Llevándolo a un gráfico, yo pensaba en una recta hacia arriba, pero el crecimiento de la tecnología ha seguido una curva exponencial. Fallé en mi predicción.

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