martes, 5 de octubre de 2010

María Pascuala Caro Sureda


El título hereditario de marqués de la Romana pesaba tanto en la familia Caro-Sureda como su origen de aristocracia ilustrada. Mientras el padre se aseguró de que sus hijos varones tuvieran una formación acorde con la época –mitad científica, mitad carrera militar–, la madre hizo lo propio con sus hijas. Un bagaje que permitió que María Pascuala Caro Sureda se convirtiera en una de las primeras matemáticas de Palma de Mallorca además de doctora en Filosofía.
Nació en Palma en julio de 1768. Para entonces su familia ya tenía insertada en el ADN la importancia de la educación de sus hijos. Su madre, Margalida Sureda, era heredera del gran patrimonio de los Sureda-Valero, aristócratas ilustrados mallorquines. Su padre, Pere Caro, fue el segundo marqués de la Romana, un título que compaginó con tareas como el levantamiento de planos del puerto de Mahón de gran interés estratégico. Famosa fue también la biblioteca de los marqueses y sus más de 18000 volúmenes.
Marcados por aquel origen ilustrado, Pere y Margalida se encargaron de que sus hijos recibieran la mejor formación acorde con la época. Una educación labrada entre la carrera militar y la ciencia: Pedro –futuro tercer marqués de la Romana– aprendió medicina, ciencias naturales e ingeniería antes de ingresar en la Armada; y José cursó estudios de matemáticas además de alistarse también como marino.
Lejos de un machismo digno de épocas anteriores, María y María Pascuala –las dos hijas de los Caro-Sureda– recibieron el mismo trato. Mientras la primera se convirtió en directora de la clase de dibujo en la Academia de San Carlos de Valencia –cuya producción artística es aún desconocida–, la pequeña se dedicó a la ciencia.
Pocos datos se conocen sobre la trayectoria de María Pascuala. De ella se dice que fue tan precoz que con sólo doce años defendió unas conclusiones públicas en la Universidad de Valencia. Dominaba las materias filosóficas, las ciencias físicas y hablaba siete idiomas, entre los que tenía un completo dominio del latín y el árabe.
Su Ensayo de Historia, Física y Matemáticas, publicado en 1781 por la editorial valenciana de Benito Monfort, es hoy el único testimonio tangible de su existencia. Un manual en el que desplegaba amplios conocimientos de trigonometría y que se convirtió en herramienta para el estudio de las matemáticas. Más tarde conseguiría la titulación de doctora en Filosofía por la Universidad Literaria de Valencia, que sería reconstruida apenas medio siglo después tras los destrozos sufridos durante la Guerra de la Independencia.
"Su actividad intelectual es prácticamente insólita en la comunidad balear de la época, pero se pueden encontrar algunos antecedentes en Europa. Un siglo antes, la inglesa Anne Finch, vizcondesa de Conway, fue una filóloga de reconocido prestigio y la italiana Elena Cornaro fue la primera mujer que consiguió un doctorado en Filosofía por la Universidad de Padua", asegura Maria Antònia Manresa en Dones i èpoques : aproximació històrica al món de la dona a les Illes Balears.
Sin que se sepan los motivos, llegó un día en que María Pascuala decidió dar un giro de 180 grados a su vida. Se retiró del mundo y tomó el hábito ingresando como dominica en el antiguo convento de Santa Catalina de Sena en febrero de 1789. El centro –surgido del empeño del Cardenal Despuig, que lo plasmó como deseo expreso en su testamento– había sido una de las tres nuevas fundaciones de clausura femenina constituidas en la Ciutat de Mallorca durante el siglo XVII.
Los casi cuarenta años que transcurrieron hasta su muerte en 1827 son, de nuevo, un misterio. Llegó a ser priora de aquel convento que las monjas abandonaron en 1966 cuando empezó a derrumbarse. Dicen que mantuvo una vida religiosa ejemplar en la que no abandonó su afición literaria, fruto de la cual se conservan manuscritas dos obras religiosas: Novenas del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo y Poesías místicas. Hoy, junto a su ensayo matemático y una calle perdida en el entramado palmesano, componen su único legado.