sábado, 26 de febrero de 2011

Shmarev: un matemático ruso en Oviedo (España)


No hay mal que por bien no venga, así que el hundimiento político-económico de la Unión Soviética a finales de los años ochenta del pasado siglo se tradujo en una bendición para la Universidad de Oviedo, hasta donde llegaron seis matemáticos rusos. Una historia positiva con un resultado incierto, ya que sólo queda uno de aquel maná de aritméticas y geometrías.
Santos González, catedrático de Álgebra, llegó a Asturias, para hacerse cargo de la nueva Licenciatura de Matemáticas, en 1992. El entonces presidente del Principado, Juan Luis Rodríguez-Vigil, acababa de visitar la Ciudad de los Académicos, en Siberia, y allí se enteró de que González estaba muy relacionado con alguno de los matemáticos que allí trabajaban, en especial con Efim Zelmanov, uno de los mejores del mundo y que sigue manteniendo un gran contacto con Oviedo desde EE UU, donde ahora vive. La relación se había establecido en 1989 cuando González fue a Novosibirsk a un Congreso.
Como ahora recuerda, «... El presidente Vigil me llamó. Creí que era una broma, pero en todo caso, claro, fui a Presidencia. Establecimos un primer contacto. Después habló con el rector Santiago Gascón y me encargaron establecer una relación estable y fichar, si era posible, a algunos matemáticos de allí».
El primero en venir fue «Sacha Iltyakov, al que recibí en Madrid. Estaba en la estación de Chamartín con su esposa y su hija, ayudándole con las maletas, cuando nos hicieron una foto y al día siguiente salimos en LA NUEVA ESPAÑA con el siguiente titular: "El tren burra: una familia asturiana coge el tren". Bueno, yo no soy asturiano y los otros tres eran rusos; mira que había gente y salimos nosotros».
Después se incorporaron Stanislav Antontsev, Vadin Yurinski, Sacha Grishkov, Ivan Shestakov y Sergei Shmarev. También vinieron con sus familias. «Los acogimos yo diría que espectacularmente, buscamos colegios para los chicos y con la facilidad que tienen para los idiomas en seguida se incorporaron plenamente. Además, establecimos encuentros con los "Virtuosos de Moscú", que entonces también se habían instalado en Oviedo».
Sergei Shmarev recuerda que «como vinimos con nuestras familias, mucho mejor. Yo con dos niños, que era en lo inmediato lo que más nos preocupaba. Dominábamos el inglés, pero en Oviedo no mucha gente lo hablaba. El mayor ya hablaba ruso, en fin hubo que encajar los idiomas. En la Facultad todo fue fantástico. Ahora estoy como doctor contratado, pero mis compañeros, después de dos años y algo más, se fueron a otros países, porque no era posible que lograsen una cátedra por razones administrativas».
Los contratos eran por dos años. Hubo una pequeña prórroga. Los cumplieron y de los seis matemáticos rusos, cinco se fueron. Para un senior volver a empezar desde abajo la carrera académica era, si no imposible, muy frustrante y la legislación española no permite contratar a un catedrático y menos si es extranjero. Shmarev, más joven, sí realizó aquí su carrera profesional desde los peldaños iniciales. Otra vez la falta de visión de la administración burocrática que hizo que se marcharan estupendos matemáticos fuera del país.
Santos González recuerda que «llegaron con una beca de incorporación tramitada por la FICYT. Se establecieron en este edificio, en la Facultad de Ciencias, participaron en seminarios, conferencias, jornadas, de todo. Y enlazaron también de forma especial con Ildefonso Díaz, de la Academia de Ciencias».
La diáspora se volvió a producir. Shestakov se fue a la Universidad brasileña de São Paolo, y Grishkov, también. Juan Carlos Fernández, «un doctorado nuestro, muy brillante, fue después hasta allí para realizar una estancia con ellos, conoció a un chica argentina, se casó y allí se quedó». Los otros tres están en Portugal, «donde tenían fondos ilimitados de la UE», comenta Shmarev.
«Para una Facultad que empezaba», indica Santos González, «fueron unos auténticos mirlos blancos. Pero hay que cambiar las leyes para poder fichar directamente a gente brillante; seguimos con el mismo problema».

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