martes, 15 de marzo de 2011

Libro: "También los novelistas saben Matemáticas"


Puede que exista una bibliografía especializada en este campo que, con mirada inteligente, analiza José del Río en su obra. Aunque así fuera, no habría que quitarle méritos a su trabajo, luminoso en muchos aspectos. Y, dicho sea de paso: José del Río no es un investigador al uso: además de autor de trabajos científicos en el campo de las matemáticas, ha publicado tres libros de poesía. En su «Declaración de intenciones» anticipa el contenido de los once capítulos de la obra, que, sin duda, resultan sugestivos de inmediato para cualquier lector. Cuestión bien distinta es la asimilación de ciertos conceptos matemáticos como referencia y aprovechamiento de los conceptos literarios.
La obra comienza casi en un in medias res personal, la confesión de Pablo Neruda respecto a su incapacidad en el Liceo para asimilar las Matemáticas. De ese traspié formativo José del Río hace una lectura maliciosa o, al menos, irónica: «o quizá [esta frase sea] una prueba de que este fracaso no impide llegar a ser un premio Nobel de Literatura» (p. 9). Y termina la obra con una reflexión del autor: «Lo que verdaderamente importa es que las matemáticas han conquistado un espacio novelístico y que, cuando aparecen, participan en el poder seductor del relato y contribuyen al triunfo estético de la ficción» (p. 250).
Entre la confesión de ambos autores, el poeta y el estudioso, avanzan más de doscientas páginas que persiguen un loable objetivo: convencer a los lectores de que esa árida en teoría condición de los números esconde inmensas posibilidades, como se comprueba observando el entramado de los guarismos, subyacente a la literatura. No hay que olvidar además que su simbolismo, enigmático en muchos casos, no es fruto de la llamada clarividencia de un autor moderno sino la herencia de conceptos seculares y, en ocasiones, milenarios.
El problema se plantea cuando el autor del estudio, en un afán de comprobación científica, tiene que recurrir a conceptos, fórmulas y representaciones gráficas cuya asimilación está sólo al alcance de los matemáticos. De ahí que un profano tenga dificultades para disfrutar comprobando la falsedad o condición errónea de ciertos éxitos editoriales de los últimos años. Pero sí puede estar a su alcance conocer, por ejemplo, la forma ingeniosa en que Miguel Delibes da a entender la distribución de las tierras de un pueblo en Las ratas. O el significado de una partida de ajedrez en La tabla de Flandes , la popular novela de Arturo Pérez Reverte. Especialmente llamativo es «Música en las piedras», donde el autor aborda el misterio arquitectónico muchas de las grandes catedrales europeas, reproduciendo, como en otros muchos pasajes, ilustraciones muy orientativas.
El capítulo 10, « n Matemáticos encontraron autor» hará las delicias de todos los matemáticos, pero también de los lectores de a pie, ignorantes de la aureola de misterio que ha rodeado durante siglos a ciertos problemas irresolubles y, sobre todo, a la peculiar condición de los científicos que intentaron explicar tales enigmas.
La obra es, en conjunto, admirable, tanto por la amenidad con que se divulgan problemas míticos como por la bibliografía que se recomienda, que, lamentablemente, no aparece sistematizada al final, tal como lo está recogido el «Índice onomástico». Pero sigue cumpliéndose el aforismo: lo mejor es enemigo de lo bueno.