miércoles, 6 de abril de 2011

XXIII Open Matemático Nacional en Torrevieja (Alicante-España)


Abdelkhalek El Haouti es alumno del Instituto de Enseñanza Secundaria (IES) Mediterráneo de Torrevieja. Acaba de terminar el segundo trimestre del segundo curso de Bachiller en Ciencias. Pero su inquietud y su destreza matemática lo convierten en un alumno especial. Cuarto clasificado entre 1219 participantes en el XXIII Open Matemático Nacional, Abdelkhalek está convencido de que todavía podía haberlo hecho mejor. 
Apura el tiempo para rematar un examen y se pierde parte del descanso entre clases para encontrarse con su profesor Juan Andrés Bataller y hablar de su experiencia y de sus proyectos, centrados en el trabajo diario para lograr el expediente académico que le abra las puertas a una Escuela de Arquitectura. Hablan del certamen, un open ya veterano convocado por el Colectivo Frontera de Profesores de Matemáticas con sede en Requena (Valencia), y concretan que es un "torneo abierto de resolutores de problemas matemáticos" donde la lógica y el ingenio -hay incluso premios de "belleza" que valoran, sobre todo, la imaginación a la hora de formular y desarrollar una solución- son ingredientes importantes del concurso. 
A éste concurren estudiantes, profesores y personal no docente que pueden trabajar en su propia casa -se presupone la honradez de todos los participantes- en la resolución de unas tareas, auténticos desafíos para la mente, que a veces se presentan con una temática específica o hilvanados con poesías visuales, explica Bataller. 
Las felicitaciones recibidas de sus compañeros y compañeras son un estímulo más para El Haouti que, sin desprenderse de sus auriculares, relata la arribada familiar a Torrevieja en 2006 procedente de Marruecos. Su padre había encontrado empleo poco antes en España, y recuerda que entonces el instituto Mediterráneo, en el que estudian unos 600 alumnos, era un centro con dos pisos de barracones. Le gustaría que más alumnos participasen en este tipo de actividades. 
Su profesor valora su constancia -hay quien desiste y no completa las siete jornadas de resolución de problemas desarrolladas durante dos meses- y su espíritu competitivo. 
El querer ser mejor en un centro donde el concepto de multiculturalidad no es sólo una etiqueta al uso. De los nueve alumnos que decidieron participar en el concurso seis eran extranjeros.