sábado, 18 de junio de 2011

Arturo Berned: La línea es plástica pura y matemática


Sus obras adornan las casas de banqueros, empresarios e incluso monarcas. Arturo Berned dejó la arquitectura para crear piezas en acero basadas en las matemáticas.
Su arte gira en torno al vacío. Y hacia él se lanzó Arturo Berned (Madrid, 26 de mayo de 1966) cuando hace siete años abandonó su etapa como director de Proyectos y Obras en el Estudio Lamela Arquitectos para dedicarse sólo a desarrollar la escultura. "Un crítico de música dijo que ésta se hace a base de silencios y ésa es la reflexión que aplico a mi obra. Espacialmente es igual. La única manera de representar el sólido es a través del vacío. En muchas de mis piezas adquiere más importancia lo que no hay que lo que queda", dice Berned. "El paso del plano a la tercera dimensión fue natural, necesario y sencillo", apunta quien dejó de vincularse en proyectos como la Terminal T-4 de Barajas o la Ciudad Deportiva del Real Madrid, para trabajar en solitario y crear obras de arte que compran "personalidades del mundo financiero, instituciones bancarias e incluso alguna casa real".
Este próximo lunes, 20 de junio, inaugura una exposición en la que los visitantes podrán ver 19 esculturas y ocho obras gráficas "realizadas en los últimos nueve meses sobre la base de un rigor profesional absoluto". Con el acero como protagonista, la frialdad aparente de sus piezas contrasta con las emociones que producen. Ha desarrollado su arte interesado en la geometría, con formas abstractas que buscan la comprensión fenomenológica del mundo. "Quiero pensar que mis esculturas tienen un marcado carácter atemporal, y con ellas pretendo generar intervención. El arte no sólo lo hace el artista, sino las personas que lo disfrutan. Si no hay intercambio y no se consigue que el espectador participe de la pieza, no es una obra artística", asegura quien bebe de muy diversas fuentes para inspirarse. "Pueden influirme desde un tratado de Luca Pacioli, hasta un templo del siglo V a.C., una fachada renacentista, el Neoclasicismo holandés, las cajas metafísicas de Oteiza o las obras de Tony Smith y Richard Serra".
Su trayectoria como artista comenzó en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, "en una época en la que hacía obras del tamaño de una maqueta". Su inquietud le llevó a plantearse cómo podía introducir piezas de cierto tamaño en los interiores. A principios de los 90, empezó a hacer lo que él llama cajas y tienen la función de mesas. Representan un clásico de Berned.
En su obra huye de la curva: "La línea es plástica pura y matemática. Separa la luz de la sombra, lo bueno de lo malo. Es concepto, abstracción… y, cuando es recta, puede parecer aburrida, pero para mí no lo es", señala quien bucea en el acero como medio de expresión. Lo utiliza para trazar sus dibujos en el aire y, con un lenguaje sobrio y depurado, materializarlos como esculturas, que son poesías visuales. "Éste es un material ligado a la arquitectura que domino. Es noble y fácil de cortar, y aunque está sujeto a dilataciones, contracciones y torsiones, hay mucha base teórica que anticipa su comportamiento. El cortén me gusta por su proceso natural de envejecimiento, tremendamente caprichoso, aunque ahora estoy con el inoxidable. Es muy frío, pero resulta imprevisible saber cómo se visualizará ante la incidencia de la luz", afirma quien empieza a flirtear con el color con la misma tecnología que para los coches: emplastecido y presión.
Sus esculturas muestran un continuo desarrollo plástico y son fruto de una larga e intensa investigación que se ve reforzada por su experiencia como arquitecto, así como por su pasión por las matemáticas. "Todas mis piezas están dibujadas, pensadas y esculpidas en base a la proporción áurea, que es el número phi". Tal es su influencia que su expresión logarítmica da título a la exposición. "En la naturaleza, todo está imbricado. Todo tiene una explicación y un porqué. Cuando introduzco en mi obra esta constante matemática, obtengo diseños de gran equilibrio y complejidad".
Del laboratorio de ideas que es la cabeza de Berned se inmortaliza una producción de 50 piezas al año, con precios que oscilan entre 3.000 y 60.000 €. "De mi trabajo, una mitad es por encargo y la otra sale por iniciativa propia". Algunas obras son tan espectaculares como 94-Vela VI , que vemos aquí:

La estructura está realizada en acero cortén recubierto de poliuretano, se yergue en un jardín particular de Madrid y su precio superó los 100000 €. Con sus casi siete metros, constituye la obra más monumental de su autor, para quien "realizarla supuso una experiencia fantástica, con mayor complejidad que hacer un edificio". Es una pieza que apunta alto, como el camino elegido por Berned.
Más información: Del 20 de junio al 20 de julio. Avda Arroyo del Santo 4 y 6. Madrid.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gusta .... su estetica y originalidad.