lunes, 3 de noviembre de 2008

En Barranquilla (Colombia) desarrollaron método para perderle el miedo a los números,...


Con un novedoso programa, en el que los fraccionarios y otras abstracciones son aterrizadas a experiencias cotidianas, niños y jóvenes aprenden y se divierten.
La clase era de números fraccionarios pero la profesora de matemáticas les habló del descuento en un almacén. Inicio extraño para quien está acostumbrado a los números, pero con esto captó la atención de los niños que de manera usual no atienden y, finalmente, les enseñó lo que quería.
"El valor total de la compra era de 55 mil pesos pero luego la persona terminó pagando menos. ¿Cómo creen que el cajero supo que debía sacar un descuento?", dice la maestra.
Luego les hace preguntas para que reflexionen: "¿Por qué sumaste? Y, si restas, ¿qué pasa? ¿De qué otra manera podrías resolverlo? Si alguien te dice que esa respuesta no es correcta, ¿lo probarías?". Así, después de tener en cuenta sus ideas, les explica números fraccionarios y los lleva a abstracciones matemáticas.
Son las Clases para pensar, modelo pedagógico de enseñanza de matemáticas promovido por expertos de la Universidad del Norte, que ya se aplica en 40 colegios públicos de Barranquilla.
Es un método en el que los niños aprenden resolviendo problemas matemáticos aplicados a su vida cotidiana, "que tengan significado para ellos", y cambiando el esquema de las hojas de cálculo con respuestas únicas que solo sabe y entiende el profesor.
Preguntas abiertas: "Usamos la entrevista flexible con preguntas abiertas para llevar al estudiante a pensar sobre lo que está diciendo, hablamos de hipótesis y hacemos que se dé cuenta de sus errores. Las preguntas son pistas. Sin darles la respuesta se lleva a los estudiantes a desarrollar conceptos matemáticos", explica Luz Stella López, doctora en Educación y especialista en Pensamiento Matemático. Ella, junto con los investigadores Sandra López, Gina Camargo, Catalina Toro, Rufina González, María Cecilia Orrego y Humberto Noriega, aplicó este modelo con ayuda del Ministerio de Educación y Colciencias en estudiantes desde preescolar hasta universidad, en matemáticas y en otras disciplinas.
Así, dicen los niños, la clase no es aburrida ni la profe de matemáticas es la 'cuchilla'.
"Las clases eran con muchos números y casi nunca dejaban que uno se expresara. Ahora dibujamos, jugamos y aprendemos con situaciones de la vida real", explica Jean Carlos Romero, estudiante de séptimo grado del Colegio Rodolfo Llinás.
Este año, por ejemplo, les enseñaron razones y proporciones a partir de una pregunta sobre cómo los resultados del bingo que se iba a hacer en el colegio podría distribuirse de forma equitativa. Para entenderlo, además de razonamientos matemáticos, hicieron un poema sobre la equidad, investigaron sobre las proporciones en la cumbia y cómo se reflejaba la equidad en su barrio.
"Es creativa y específica. La profesora explica de otra forma y se esfuerza para que cada niño entienda. Así uno sabe que las matemáticas se pueden aplicar en otras áreas", dice Yesid Taboada, de 12 años.
Además, les preguntan cómo llegaron a la solución.
"A veces los maestros nos preocupamos por la respuesta y no nos preguntamos qué pasó por la cabeza del niño para llegar allí", dice la profesora Diana Echavarría, quien lleva dos años con este método.
Pero no todo es juego y también hay que evaluar. Según la investigadora, en este método se valoran el proceso y las respuestas. "La clase genera preguntas para aprender y no para determinar si se sabe o no. Ellos mismos pueden crear sus propios problemas matemáticos", dice.
Por ahora, el método encanta a los niños y puso a pensar a los maestros: la responsabilidad de que las matemáticas gusten está en sus manos.
En preescolar está la base: La investigadora Luz López, autora del libro Interview in the classroom: learning of children about math (Entrevista en el salón de clases: aprendizaje de los niños sobre matemáticas), dice que las personas con éxito en matemáticas son quienes realizan procesos como leer, comprender, planear y verificar las respuestas para resolver problemas y que estos pueden desarrollarse desde los primeros años.
Por eso, aconseja que los padres estimulen el pensamiento matemático en los más pequeños, con actos cotidianos como cocinar en frente de los niños mostrándoles las medidas de una taza, partiendo un vegetal en fracciones iguales, dividiendo una torta entre el número de miembros de la familia y hasta aprovechar para enseñarles a contar cuando están marcando un número telefónico.
Genes de los números: Un estudio de la Universidad de Londres, publicado por la revista Science, señaló que la formación académica de las madres está directamente relacionada con que sus hijos saquen buenas notas en matemáticas. Los investigadores analizaron los resultados de los exámenes hechos a 2.558 niños entre 7 y 10 años de colegios del Reino Unido. La investigación también confirma que los niños tienen más habilidades que las niñas para afrontar problemas matemáticos, aunque esto no es determinante.

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