
En el periódico digital http://www.larioja.com, Juan Manuel Medrano, Director del Área de Alta Inspección de Educación escribe:
"Reflexionamos a menudo sobre la política educativa, resbalamos sobre la superficie de los problemas de la escuela, pero pocas veces penetramos en la intrahistoria del día a día de la educación; en la difícil, meticulosa y complicada tarea que profesor y alumno emprenden cada día. Sí lo hace, y de manera extraordinariamente fiel a la verdad y a los problemas de uno y otros, la película francesa La Clase, Palma de Oro del último festival de Cannes, de la que durante unas semanas pudimos disfrutar en la cartelera logroñesa. Y en el centro de esa clase del París periférico y en el centro de ese CRA de la Rioja, la pedagogía, la reflexión sobre el cómo enseñar, es un asunto esencial.
Es ya un lugar común cada vez que se habla de la escuela, de los males de la escuela, denostar la Pedagogía, y a los pedagogos, como supuestos culpables de haber confundido a los docentes acerca de las formas 'correctas' de educar a los jóvenes. En el debate político referente a la educación es constante y continuo oír hablar de 'excesos pedagógicos', 'pedagogismo' y atacar las leyes educativas como portadoras de llevar el pecado de 'errores pedagógicos'. Intelectuales, escritores, columnistas, gacetilleros y tertulianos, la mayoría de los cuales saben poco de educación, denostan igualmente la pedagogía, a los pedagogos y a las leyes educativas (cuando son socialistas), a las que acusan de estar 'enfermas de pedagogía'.
Parece del todo innecesario tener que decir que la pedagogía es un instrumento tan esencial al hecho educativo que sin aquélla éste no existe. Que la reflexión sobre los métodos de enseñanza es inseparable de la selección de los contenidos que conformarán el currículo; que por mucho que nos guste imaginar un pasado idílico lleno de conocimientos puros transmitidos desde la auctorictas incontestable del maestro y recibidos pasivamente por el educando, este planteamiento no funciona con el alumnado de la sociedad actual. Un alumnado que no recibe información sólo de la escuela, sino que viene conformado, y a menudo deformado, por otras tantas fuentes de información. Que la escuela tiene que encontrar otra misión, que desde luego nos es la de 'guardar' jóvenes, y que tiene que ser enseñar a aprender, dotar no sólo de peces de conocimiento sino de redes y cañas, de instrumentos útiles para adquirir por ellos mismos los conocimientos. Para todo ello es útil y provechosa la reflexión pedagógica, para todo ello es necesaria la tradición del pensamiento pedagógico y sus corrientes; en ello tiene una enorme utilidad las aportaciones del Constructivismo, al que frecuentemente se despacha con tópicos.
Ningún sistema ni método pedagógico es infalible ni debe ser exclusivo ni excluyente, como saben por experiencia los miles de profesores y maestros que cada día se afanan en la dura tarea de la enseñanza; desterrar la memoria o los datos es privarnos de una dimensión esencial de nuestra forma de conocer y estructurar nuestra ciencia, desterrar el rigor y la exigencia en la Lengua y en las Matemáticas es verdaderamente suicida; pero lo es igualmente olvidar que no sólo somos soporte de conocimientos teóricos y que debemos aprender también a manejarnos con operaciones y procesos cada vez más complejos; como absurdo es olvidar o menospreciar los aspectos axiológicos, las actitudes y los comportamientos que hacen válida y superior la vida comunitaria de los hombres.
Desde hace milenios los filósofos griegos elevaron la pedagogía en sentido amplio, la paideia, a cuestión fundamental en la formación del político y del ciudadano. La reflexión pedagógica ha continuado a lo largo de los siglos y se convierte en un hecho de nuevo de vital importancia con la modernidad y en una ciencia tan importante como las demás ciencias del hombre en nuestra época. ¿Es sensato denostarla y darle la espalda? Es absurdo, por ello es necesario reivindicar su importancia.
Si siempre ha sido una ciencia necesaria, me parece indiscutible su necesidad actual en la formación de los futuros docentes. Hoy la realidad de las aulas españolas es mucho más compleja que nunca; los grupos humanos más heterogéneos, sus universos culturales y lingüísticos plurales; la convivencia en las aulas más difícil, como consecuencia de los cambios en los roles sociales y la pérdida de la autoridad en las familias, como consecuencia también de la escasa valoración que este país tiene de la educación y los docentes.
Son en definitiva múltiples las razones que hacen necesaria una rigurosa formación del profesorado en Pedagogía y Psicología del adolescente, en resolución de conflictos, mediación, etc. Por la misma razón nos parece que el futuro máster de formación de profesorado que viene a sustituir al C. A. P., tiene que articularse básicamente en torno a una rigurosa formación didáctica, donde la participación de las facultades de psicopedagogía sea determinante, pues los futuros docentes, tras sus 240 créditos de grado en sus diversas especialidades, han de estar ya suficientemente formados en las disciplinas que deberán impartir".
Es ya un lugar común cada vez que se habla de la escuela, de los males de la escuela, denostar la Pedagogía, y a los pedagogos, como supuestos culpables de haber confundido a los docentes acerca de las formas 'correctas' de educar a los jóvenes. En el debate político referente a la educación es constante y continuo oír hablar de 'excesos pedagógicos', 'pedagogismo' y atacar las leyes educativas como portadoras de llevar el pecado de 'errores pedagógicos'. Intelectuales, escritores, columnistas, gacetilleros y tertulianos, la mayoría de los cuales saben poco de educación, denostan igualmente la pedagogía, a los pedagogos y a las leyes educativas (cuando son socialistas), a las que acusan de estar 'enfermas de pedagogía'.
Parece del todo innecesario tener que decir que la pedagogía es un instrumento tan esencial al hecho educativo que sin aquélla éste no existe. Que la reflexión sobre los métodos de enseñanza es inseparable de la selección de los contenidos que conformarán el currículo; que por mucho que nos guste imaginar un pasado idílico lleno de conocimientos puros transmitidos desde la auctorictas incontestable del maestro y recibidos pasivamente por el educando, este planteamiento no funciona con el alumnado de la sociedad actual. Un alumnado que no recibe información sólo de la escuela, sino que viene conformado, y a menudo deformado, por otras tantas fuentes de información. Que la escuela tiene que encontrar otra misión, que desde luego nos es la de 'guardar' jóvenes, y que tiene que ser enseñar a aprender, dotar no sólo de peces de conocimiento sino de redes y cañas, de instrumentos útiles para adquirir por ellos mismos los conocimientos. Para todo ello es útil y provechosa la reflexión pedagógica, para todo ello es necesaria la tradición del pensamiento pedagógico y sus corrientes; en ello tiene una enorme utilidad las aportaciones del Constructivismo, al que frecuentemente se despacha con tópicos.
Ningún sistema ni método pedagógico es infalible ni debe ser exclusivo ni excluyente, como saben por experiencia los miles de profesores y maestros que cada día se afanan en la dura tarea de la enseñanza; desterrar la memoria o los datos es privarnos de una dimensión esencial de nuestra forma de conocer y estructurar nuestra ciencia, desterrar el rigor y la exigencia en la Lengua y en las Matemáticas es verdaderamente suicida; pero lo es igualmente olvidar que no sólo somos soporte de conocimientos teóricos y que debemos aprender también a manejarnos con operaciones y procesos cada vez más complejos; como absurdo es olvidar o menospreciar los aspectos axiológicos, las actitudes y los comportamientos que hacen válida y superior la vida comunitaria de los hombres.
Desde hace milenios los filósofos griegos elevaron la pedagogía en sentido amplio, la paideia, a cuestión fundamental en la formación del político y del ciudadano. La reflexión pedagógica ha continuado a lo largo de los siglos y se convierte en un hecho de nuevo de vital importancia con la modernidad y en una ciencia tan importante como las demás ciencias del hombre en nuestra época. ¿Es sensato denostarla y darle la espalda? Es absurdo, por ello es necesario reivindicar su importancia.
Si siempre ha sido una ciencia necesaria, me parece indiscutible su necesidad actual en la formación de los futuros docentes. Hoy la realidad de las aulas españolas es mucho más compleja que nunca; los grupos humanos más heterogéneos, sus universos culturales y lingüísticos plurales; la convivencia en las aulas más difícil, como consecuencia de los cambios en los roles sociales y la pérdida de la autoridad en las familias, como consecuencia también de la escasa valoración que este país tiene de la educación y los docentes.
Son en definitiva múltiples las razones que hacen necesaria una rigurosa formación del profesorado en Pedagogía y Psicología del adolescente, en resolución de conflictos, mediación, etc. Por la misma razón nos parece que el futuro máster de formación de profesorado que viene a sustituir al C. A. P., tiene que articularse básicamente en torno a una rigurosa formación didáctica, donde la participación de las facultades de psicopedagogía sea determinante, pues los futuros docentes, tras sus 240 créditos de grado en sus diversas especialidades, han de estar ya suficientemente formados en las disciplinas que deberán impartir".



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