martes, 29 de septiembre de 2009

Juan José González Herrero, de Segovia (España) se trae una Medalla de Bronce de la Olimpiada Matemática Internacional


El segoviano Juan José González Herrero, de 18 años, se ha traído en esta edición una Medalla de Bronce de la Olimpiada Internacional de las Matemáticas, que se ha celebrado en Bulgaria. Un evento que conoce bien, puesto que es el cuarto año consecutivo que acude a él tras quedar entre los mejores en la fase nacional. Este año fue Medalla de Oro, por su cuarto puesto obtenido en las pruebas celebradas en Barcelona.
Acabados sus estudios de Bachillerato con una nota media de 9 en el Colegio Alemán de Madrid, al que se desplazaba a diario en autobús, González Herrero, que vive en el barrio de San Millán, afronta ahora una nueva y emocionante etapa formativa. Ya ha partido a Munich (Alemania) para iniciar un máster de Mecatrónica, una especialidad que combina conocimientos industriales e informáticos orientados a la robótica, campo hacia la que este segoviano quiere encaminar sus pasos, pues atesora un especial talento para ello. De hecho, en la edición de la Olimpiada Internacional de Matemáticas del 2006 quedó el primero de todos los participantes en una prueba paralela de programación de robots.
«La robótica es un sector con mucho futuro porque sus muchas de sus aplicaciones están aún por desarrollar y abarcan a todo tipo de campos», afirma con convicción.
Se muestra seguro de que el futuro pasa por incorporar sus avances numerosos aspectos de la vida cotidiana y aunque reconoce que muy posiblemente los robots desplacen a mucha mano de obra, asegura que «no es menos cierto que el desarrollo de este campo generará otros muchos». «De momento está en pañales», insiste.
El joven segoviano afronta sus estudios en Alemania sin ningún tipo de ayuda oficial, pero cuenta para pagarse los estudios y su estancia en Munich con un trabajo de programador, que realizará a media jornada y desde su domicilio, para una empresa con la que ha trabajado durante los dos últimos veranos.
Del niño que aprendió a sumar y restar con los botones de los ascensores dice que queda «la misma afición que entonces, pero ahora con una clara orientación sobre a qué aplicarla»

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