miércoles, 7 de octubre de 2009

Kao, Boyle y Smith: los "maestros de la luz" salen de la sombra


La libertad de hacer "tonterías" y experimentar desde niños es una de las claves del éxito de los "maestros de la luz", Charles Kao, Willard Boyle y George Smith, quienes salieron por fin de la sombra de sus laboratorios al recibir el martes en Estocolmo el Premio Nobel de Física.

Kao, nacido en Shangai el 4 de noviembre de 1933, es a menudo calificado de "padre de la comunicación por fibra óptica" tras ser el primero en proponer públicamente, en los años 60, la posibilidad de utilizar las fibras para la telecomunicación. "De muy joven", explica en una entrevista, se divertía haciendo experimentos de química explosivos. "Hacía bolas de barro y les metía agua con fósforo rojo y cloruro de potasio. Las dejaba secar y cuando las lanzaba, explotaban!", explica. Le gustaba pasar tiempo con gente curiosa como él, y "aprendió leyendo, haciendo experimentos". Y, según él, esta gran libertad, incluso de hacer tonterías, fue una de las claves de su éxito. "Los padres que repiten sin cesar a sus hijos "no hagas esto, no hagas esto otro" les cortan muy a menudo las rutas que podrían abrirse a algo interesante", afirma. Jubilado desde 1996, obtuvo en 1965 su doctorado en Ingeniería eléctrica en el Imperial College de Londres e hizo la mayoría de sus trabajos en Inglaterra, sobre todo en los Standard Telecommunication Laboratories. También fue vicepresidente de la Universidad china de Hong Kong.

Boyle y Smith trabajaron juntos en los laboratorios Bell, en Nueva Jersey. Boyle, nacido el 19 de agosto de 1924 en Amherst, en la provincia de Nueva Escocia (Canadá), aprendió mucho él solo, cuando vivía en un pueblo remoto en Quebec, donde su madre le hizo de profesora hasta que entró en la escuela. Con ocho años, su padre le mandó una noche a dar de comer a los perros que tiraban de los trineos de la familia, que no disponía de vehículo. La perrera estaba a unos cien metros de la casa y el joven Willard tuvo que enfrentarse a la nieve, el frío y sobre todo la negra noche. "Era absolutamente terrible estar ahí, fuera, en este pequeño círculo de luz que provenía de la lámpara de óleo", explica en la página web science.ca. Durante la Segunda Guerra Mundial, se enrola como piloto en la fuerza aeronaval, pero el conflicto se acabó cuando él había terminado su formación y nunca salió en combate. Entonces retomó sus estudios, obtuvo el doctorado en 1959, y tres años más tarde empieza a trabajar en los laboratorios Bell. Durante sus trabajos en la NASA, ayudó a determinar el lugar donde los astronautas debían aterrizar en la Luna. Está jubilado desde 1979.

Como los otros dos premiados, Smith tuvo una escolaridad atípica: nacido el 10 de mayo de 1930 en White Plains, en el Estado de Nueva York, pasó por 14 centros en siete estados distintos hasta que se enroló en la marina. "Había firmado por tres años, pero la guerra en Corea duró y me quedé cuatro años", explica en una página web. Ya en la marina utilizaba su tiempo libre para estudiar Matemáticas en la Universidad de Miami, donde estaba basado. Tras estudiar Matemáticas puras en tres años, en lugar de cuatro, se acerca a la física. "Quería mancharme las manos, así que me lancé a la física experimental", explica. Obtuvo el doctorado con una tesis de solo tres páginas. "Era muy corto, pero muy bueno", recuerda. Entonces entró en Bell y trabajó bajo la dirección de Boyle. Smith se jubiló en 1986 y, desde entonces, "navega lentamente alrededor del mundo".

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