martes, 19 de enero de 2010

Alonso Corominas: ´Los ciegos percibimos la belleza con más naturalidad´


 
"Los viajes sin ver son una maravilla. Viendo deben ser una cosa... como para partirse en dos", escribe Alfonso Corominas, que nació en Oviedo en 1953 y acaba de publicar ´Viaje a la luz. Paseo con Hitchcock por Córdoba y Granada´ (Alhema), que nunca ha visto ni podrá ver. El libro es una invitación a gozar de otra manera de las dos magníficas ciudades andalusís, a través del oído, el gusto y el tacto.
Corominas, licenciado en Matemáticas, es ciego desde los veinte años. Padece rinitis pigmentaria -una enfermedad hereditaria que sus dos hijos no padecen- y es director de sistemas informáticos en Caja Madrid. Ahora, además, ha decidido dar rienda suelta a su vocación de escritor y publicar.

En el periódico digital http://www.laopinioncoruna.es aparece una entrevista que, por su interés, trasladamos al Noticiario Matemático:

- ¿Que un ciego escriba un libro de viajes es paradójico?
- La diferencia es que un ciego percibe las cosas de una manera distinta. Si uno quiere escribir y contar un viaje tiene que contarlo de la manera más honesta que pueda.
- ¿Ser ciego es otra forma de ver la belleza?
- No, ser ciego es una faena, lo que pasa es que hay una parte de la belleza que los ciegos percibimos con más naturalidad. La vista es un sentido muy intelectual pero a la vez muy invasivo, tapa a los demás. Quizá la diferencia entre la vista y el tacto, los dos sentidos más intelectuales -piensa que el braille se lee con los dedos-, te obligan a ti a ir a las cosas, mientras que al olfato o al oído las cosas le llegan sin querer: los sonidos te asaltan y los olores te los encuentras, no vas a buscarlos. Si uno está acostumbrado a ejercitar sólo la vista hay cosas que te pierdes, mientras que para un ciego es su forma de cubrir su deficiencia.
- ¿Lo olisquea y lo manosea todo, como 'buen viajero experto en sombras'?
- Sí, procuro ser eso. En las sombras no hay más que sombras y tienes que integrarte en lo que te rodea y una forma magnífica de hacerlo es tocarlo todo. Hay que atreverse a tocarlo todo. Puedo asegurar que no hay dos columnas de la Mezquita de Córdoba que tengan la misma textura, las he tocado todas. Cada vez tengo menos pudor y una de las cosas que hice fue abrazar todas las columnas de la Mezquita y todas son diferentes. Supongo que a los japoneses les habrá extrañado verme.
- ¿Le llamaron la atención?
- Nunca. En este mundo actual de fundamentalismo y estupideces a lo mejor es más difícil, pero, diciendo que soy ciego, siempre me dejaron tocar las esculturas en los museos. Soy de los pocos que ha tenido la suerte de apoyar el codo en una pierna del El Pensador, de Rodin, y, aunque nadie se lo crea, le toqué las barbas al Moisés, de Miguel Ángel, que no es poca cosa.
- ¿Y a la de Maimónides?
- A la de Maimónides me subí nada más llegar a Córdoba, pero en la de Averroes lo intenté y me dio con el libro en la cabeza.
- ¿Hitchcock es un antídoto del miedo en su libro?
- Lo utilizo como un alter ego para sacar el diálogo interior y hago lo que Hitchcock hacía en sus películas con mucha cara, usar el psicoanálisis de manera interesada. El narrador, que tiene mucho que ver conmigo, descubre con Hitchcock por qué le da miedo viajar a un sitio que ha visto y ya no verá. Me permite ironizar sobre mí mismo y evitar ponerme solemne, es una forma de tomarle un poco el pelo al lector al escoger a un director de cine para acompañar a un ciego.
- Jorge M. Reverte dice en el prólogo que no es la obra de un ciego.
- No es el libro de un ciego, es un libro de viajes novelado contado por un ciego. Por eso se habla de la ceguera y no se describen las cosas con la vista. Yo no vivo como un ciego, trato de acceder a todo.
- ¿Tiene acceso a Google?
- Vivo de la informática y, entre el trabajo y la afición a escribir, estoy cada día casi 16 horas conectado al ordenador. Hay un software que es un sintetizador de voz que intercepta los programas de Windows y lee todo lo que sale en la pantalla.
- En el libro no falta Borges.
- Borges se quedó ciego mucho mayor que yo y aparece en el libro por admiración literaria, como Hitchcock, no por ciego. Tampoco saco a Homero ni a Milton. Hablo de Borges porque estoy en Córdoba y recuerdo Las mil y una noches y su ensayo sobre ese libro.
- En Granada le aflora su 'hematíe nazarí'.
- Como soy de familia catalana, nacido en Asturias y vivo en Madrid, muchos no me quedan, pero al menos uno sí y al llegar a la Alhambra enloquezco. Cuando un español llega a la Alhambra o a la Mezquita siente que fue suyo aunque pertenezca a una cultura que no tiene nada que ver con la cristiana; es un viaje muy emocionante.
- Desdice aquello de 'no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada'.
- Eso es una copla que debe ser un aleluya de ciegos, encima, que ya tiene narices... Es una auténtica estupidez porque Granada es una de las ciudades más sensibles del mundo. La arquitectura nazarí es muy humana, nada apabullante. En la Alhambra son impresionantes los cambios de ambiente, los sonidos, el tacto espectacular de los mosaicos. Lo que es una pena es ser ciego, pero no especialmente en Granada.
- 'No veré nunca más el parque de San Francisco' de su infancia ovetense, ni 'el mar azul de Carnota', se lamenta.
- Cuando uno se queda ciego sabe lo que se ha perdido. No hay que ser tan idiota y decir que no importa, claro que importa, importa una barbaridad. No hay día ni hora en la que no piense que estoy ciego, pero me imagino que vivir en Uganda es peor. En la vida práctica uno se acaba manejando, yo incluso cocino, y cocino bastante bien.
- Cocinitas y gran gourmet.
- Más que gourmet, un comilón. No conozco ningún ciego al que no le guste comer, porque vas buscando los placeres que puedes permitirte y comer y charlar es un placer que a todos los ciegos nos encanta. Pero en mi caso es también una afición y una tradición de la familia Corominas. Es mi parte de hedonismo. Y una forma de conocer.
- Tiene dos novelas sin publicar.
- Voy a ver qué hago con ellas, una es muy publicable y la otra es un poco más dura que voy a reservar para cuando sea un poco más conocido, si es que lo consigo.