jueves, 18 de marzo de 2010

Matemáticas contra copistas de cuadros


Uno de los colaboradores del falsificador de cuadros más famoso de todos los tiempos, Elmyr de Hory, sometió a juicio del pintor español Pablo Picasso la legitimidad de una de sus obras, el pintor no muy seguro preguntó,...
... "¿cuánto pagó el comerciante por él?"...
- 100 mil dólares, dijo el hombre.
- Bueno, respondió Picasso, si han pagado tanto debe de ser auténtico.
Quince años después de su muerte en 1976 de Hory tuvo su propia exposición, pero al hombre que llegó a escapar de las autoridades policiales por su actividad delictiva, tal vez no le hubiera sido tan fácil burlar la ley con el desarrollo de los métodos actuales de análisis para determinar si una obra de arte es auténtica o no.
"Los números no mienten, las personas sí", reza el cartel de una popular serie estadounidense denominada Num3ros, cuya hipótesis se basa en la exactitud de las matemáticas para resolver crímenes complicados.
Ahora, investigadores del Dartmouth College, de Estados Unidos, recurrieron a esa ciencia exacta y desarrollaron una técnica que permite "diagnosticar" si a algún coleccionista de pinturas le pasaron gato por liebre.
Los resultados del estudio liderado por Daniel Rockmore fueron difundidos en la revista especializada Proceedings of the National Academy of Science (PNAS).
El método consiste en someter a escrutinio un cuadro mediante la descomposición de la obra en elementos ópticos simples que a los imitadores resulta imposible reproducir.
El análisis matemático de ilustraciones constituye una disciplina relativamente nueva que ganó notoriedad en 1999 al ser evaluada la autenticidad de un cuadro del pintor estadounidense Jackson Pollock, quien desarrolló la técnica splashing o dripping, consistente en lanzar pintura al lienzo o dejarla gotear encima de este (action painting).
Ahora, Daniel Rockmore y sus colaboradores probaron un método estadístico llamado codificación aislada para discriminar entre un sistema de dibujos auténticos del pintor flamenco Pieter Bruegel (1525-1569) y otro de las imitaciones conocidas de ese autor renacentista.
Mediante la evaluación estadística se pudieron distinguir con éxito las obras originales de las falsificaciones de forma más fácil y exacta que otras dos otras técnicas matemáticas de uso general.
Este método tiene el potencial no sólo para ser utilizado para la autentificación, sino también para proporcionar la información detallada sobre los rasgos propios inherentes a un artista en particular.
Con el propósito de probar la autenticidad de la obra de Bruegel, los científicos dividieron el cuadro en 144 fragmentos, 12 filas y 12 columnas, luego construyeron un sistema de funciones de base al azar en blanco y negro.
Después un programa computarizado las modificó y combinó para reconstruir el fragmento. Existen pequeñas muestras de pigmentos en una obra que son imposibles de reproducir por un copista, una especie de huella dactilar de una pintura que es revelada por el método matemático de análisis computarizado.
En la actualidad existen otras tecnologías como la espectroscopia Raman-Láser, fiable y no destructiva, que combinada con el análisis visual a través del microscopio y la exposición a rayos infrarrojos, permiten determinar la autenticidad de un cuadro.
Pero los métodos basados en códigos como el desarrollado por los investigadores del Dartmouth College ofrecen una nueva posibilidad de descubrir la legitimidad de una obra que incluso a ojos de su propio autor sea dudosa, como ocurrió a Pablo Picasso con una pintura suya genialmente imitada por Elmyr de Hory.

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