viernes, 20 de agosto de 2010

Guillermo Martínez es uno de los doce españoles seleccionados para cursar bachillerato en un centro de Hong-Kong

 
Cuando Guillermo Martínez, de dieciséis años, habla de la experiencia que le espera el curso que viene, se le ilumina la cara. No le asustan las veintitrés horas de vuelo ni los miles de kilómetros de distancia que le separarán de su casa. «Estoy nervioso, pero porque estoy deseando irme», confiesa este chico de Espartinas (Sevilla-España), uno de los doce españoles afortunados que han recibido una beca para estudiar en alguno de los centros que la Fundación Colegios del Mundo Unido tiene repartidos por el globo. Una beca de nada más y nada menos que 42000 euros, lo que cuesta cursar el bachillerato en un centro internacional en la otra punta del mundo junto a chicos y chicas de más de ochenta países.
¿Por qué Hong-Kong? Se preguntarán algunos. Guillermo tiene miras de futuro. «Me comentaron que el de Hong-Kong es uno de los mejores colegios en materia de ciencias, y la verdad es que los chinos tienen un nivel de matemáticas asombroso, me da hasta un poco de miedo» comenta.
Aunque su expediente revela que tiene poco que temer: ha terminado la ESO en el instituto público Lauretum con una media de diez. Precisamente las matemáticas y la física son sus puntos fuertes, aunque sigue siendo brillante en lengua o historia. «No me gustan nada las letras, pero también hay que sacarlas» dice, modesto. Con todo, asegura que no dedica mucho tiempo a estudiar. De hecho, le sobra para practicar natación, tocar la guitarra eléctrica —«he asistido a clases, pero es más bien autodidacta»— o colaborar con Amnistía Internacional, traduciendo cartas al inglés.
Además, Guillermo rompe con el estereotipo de «empollón» alejado de la vida social, y es que también saca tiempo para conectarse al tuenti a hablar con sus amigos —tiene unos 200 en la red social— o salir con ellos, como cualquier chico de su edad. «Para mí los amigos son sagrados. Además de formarse académicamente yo creo que es muy importante formarse como persona, No me va eso de estar en casa todo el día encerrado, yo antes dejaría un poco de lado los estudios para estar con la gente y socializarme» comenta el joven. Le pesa dejar a sus amigos aquí, pero no le preocupa demasiado. «Sé que allí voy a hacer muchos más, y que cuando vuelva seguiré con ellos».
Un boletín de notas plagado de sobresalientes es un requisito fundamental para obtener un billete a China, pero también fue necesario pasar por un duro proceso de selección. Tras enviar un formulario de aptitudes, Guillermo tuvo que presentar un proyecto social que pudiese realizar en su localidad —ideó un centro multicultural para jóvenes donde compartir experiencias tanto en persona como vía internet— y presentarlo ante un jurado. «Tenía tres minutos para presentarlo, sin apoyo de power point ni nada. Una vez allí me dí cuenta de que podía llevar unos papeles como chuleta, pero como me lo sabía de memoria no me hizo falta» cuenta. Por último, una entrevista 'personal' ante diez jueces que a Guillermo le supo a interrogatorio. «Hacían preguntas un poco a mala leche» bromea, pero terminó pasando la prueba.
El próximo 3 de septiembre volará hacia el colegio Li Po Chun de Hong-Kong, donde por las mañanas asistirá a clases de lengua y literatura española, Mandarín, matemáticas, física, química y pensamiento político. «Las clases serán en inglés, pero no se exige tener un alto nivel previo para dar igualdad de oportunidades. Si un chaval africano tiene talento y es igual de válido, no debería quedarse fuera por no saber inglés» explica Guillermo. No obstante, este chico que obtuvo el First Certificate in English con 14 años no parece que vaya a tener problemas con el idioma sajón. Las tardes también las tendrá ocupadas con deporte, servicios sociales y al campus y alguna actividad creativa como teatro, música o danza. «Me gustaría aprender a bailar salsa» afirma, y aunque China parezca un lugar atípico para practicarla, hay que tener en cuenta que estará con chicos de todas las nacionalidades.
Sus padres están encantados con el destino que le espera a su hijo,a pesar de que lo verán pocas veces al año. De hecho, en cuanto su padre se enteró de la existencia de la fundación y sus centros hace unos cinco años, ya lo vio como un destino claro para su hijo. «Era más bien un sueño, una lotería, tenía esperanzas de que le tocase y así ha sido» afirma. Lo cierto es que Guillermo atribuye a sus padres muchos de sus méritos. «Desde pequeño se han preocupado porque estudiase, y además me han llevado mucho de viaje y a conocer muchas cosas, lo cual les agradezco» cuenta el joven. Uno de los viajes que más le marcaron fue el que realizó por Asia el año pasado, lo que también ha influido a la hora de elegir destino. Cuando vuelva de su viaje, con un currículum y experiencias muy ricos a sus espaldas, Guillermo piensa afrontar un nuevo reto: «estudiar Física».

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