jueves, 19 de agosto de 2010

... La tercera es la vencida...

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Si bien Daniel Perales Anaya se hizo acreedor a la medalla de plata en la 51 Olimpiada Internacional de Matemáticas, que en julio de 2010 se realizó en Kazajstán, el joven morelense de 17 años se muestra tranquilo, sencillo, como si haber ganado este reconocimiento entre más de 500 jóvenes de 97 países hubiera sido pan comido.
Pero no lo fue. El mismo Daniel asume que se trató de un gran reto, que sintió muchos nervios pero que nunca dudó de su preparación. “Fue muy padre, me siento feliz, es una experiencia única ir a competir con los mejores de todo el mundo”, es lo que alcanza a decir con signos de orgullo.
Daniel ya había competido en el certamen nacional en dos ocasiones anteriores y ésta es la primera vez que avanza a la competición internacional. “La tercera es la vencida” se dice por ahí y en el caso de este estudiante del Tecnológico de Monterrey Campus Cuernavaca, la frase va mejor que nunca.
Lo que más le llamó la atención al joven de Astana, la ciudad en la que se realizó a cabo el encuentro, fue su diversidad de estilos arquitectónicos, modernos, versátiles, desafiantes. Por otro lado, “no conocimos mucho de comida, pero donde estuvimos nos gustó mucho, los lugares eran muy bonitos”.
Cuando estaba embarazada de Daniel, me daba por jugar dominó. No sé si eso habrá influido en su gusto por las matemáticas”, expresa la señora Isabel Anaya, madre de Daniel, bióloga de profesión, pero desde el nacimiento de sus hijos consagrada a su hogar. Si esto no está comprobado científicamente, lo que sí es un hecho es que este joven, el mayor de cinco hijos, tiene en sus genes la facilidad de comprender y resolver problemas matemáticos, lo que a la gran mayoría de la población mexicana se le dificulta. Desde la primaria, Daniel comenzó a destacar por sus buenas calificaciones. “La verdad, me iba bien en la escuela”, comenta. Su nombre destacaba en el cuadro de honor y su presencia fue requerida en la escolta en sexto año. Pero el ritual del estudio no fue un obstáculo para apartarlo de la diversión y la vida social.
Me gusta estar con mis amigos en los ratos libres en la escuela, o ir al cine a ver alguna película de comedia y acción, como ‘Los Piratas del Caribe’". La literatura no es su fuerte y aunque no lee muchas novelas o cuentos, sí gusta de adentrarse en historias de conspiraciones y enigmas, como “El Último Catón”, de Matilde Asensi.
Las matemáticas no desaparecen de su entorno y entre álgebra, combinatoria, teoría de números y geometría, Daniel prefiere la última opción, aunque en todas se desenvuelve con facilidad. “En la Olimpiada, se plantean problemas de creatividad que presentan diferentes soluciones, no sólo una. Ya que te dan las herramientas, tienes que encontrar cómo llegas a la solución”. De esa forma, el morelense mantiene la mente ocupada.
Daniel mantiene una buena relación con sus padres, así como sus hermanas Ana, Lulú, Raquel y Lorena. La unión familiar es uno de los valores que predominan en su hogar. “No practico frecuentemente ningún deporte, pero sí juego fut o básquet con mis amigos, depende del momento”, manifiesta el medallista.
Daniel es un joven que destaca por su intelecto, y recibió un entrenamiento especial que se llevó a cabo de forma exitosa, gracias a la facilidad por la materia que siempre ha manifestado.
Hoy, Daniel está en busca de un futuro profesional y al respecto comenta: “De carrera aún no sé qué voy a estudiar, pero sí tendrá que ver con las matemáticas, el buscar soluciones a problemas. La investigación no la descarto y tal vez podría ser alguna ingeniería, algo más aplicado”. Y como muchos otros jóvenes talentosos, ve reducidas las oportunidades que pueden presentarse en Morelos. “No creo quedarme (en la entidad). Si consigo una buena beca, me voy al extranjero o vería en la UNAM o en Guanajuato, donde hay una escuela muy buena de Matemáticas”.
Para evitar que la “fuga de cerebros” en el estado siga su marcha, es preciso que autoridades universitarias volteen a ver a los jóvenes talentosos y emprendedores, con miras a elevar las estadísticas de preparación académica y ofertarles alternativas de educación que cumplan con sus expectativas y permitan el crecimiento y mejoramiento, tanto de los planes de estudio, como de los niveles de egreso de las universidades estatales.