sábado, 26 de febrero de 2011

El honoris causa por la Universidad de Oviedo (España), Enrique Castillo Ron: «El deterioro del conocimiento en las aulas universitarias es muy grave»


En realidad, todo comenzó como producto de su pasión. Por el saber y, sobre todo, por la transmisión de conocimiento, factores de los que Enrique Castillo Ron hizo alarde en el Aula Magna del Aulario Sur de la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón. Precedido por diez minutos de brillante curriculum, este Catedrático de la Universidad de Cantabria, Licenciado en Matemáticas y Doctor Ingeniero en Caminos, Canales y Puertos, quiso mezclar sus dos vocaciones hablando de modelos matemáticos en la ciencia y en la ingeniería.
Y en su entremezclada intervención, en la que hubo sitio para la geometría, las ecuaciones funcionales, el AVE y hasta la declaración de la renta, Castillo Ron calificó de «sorprendente y lamentable» que el Teorema de Pi de Buckingham no figurase «en los planes de estudio de Física del Bachillerato e incluso de algunas universidades. Es fundamental». Y esa aseveración fue la que dio pie a una catarata de preguntas de un auditorio dominado por profesores, quejosos, en su mayor parte, del nivel con que llegan los alumnos a la Ingeniería. «El grado de deterioro del conocimiento que existe en las aulas es tan grave, que llegan sin preparar. Cabría esperar que una generación con muchos más medios que nosotros, incluso mejor alimentados, fueran mejores que nosotros. Pero no es así».
La preocupación de este profesor honoris causa por la Universidad de Oviedo se sustenta en la contraposición entre pasado y presente, y en el temor sobre el futuro. De años anteriores contó que «cuando empecé, yo tenía grupos de 100 alumnos y proponía la realización de un trabajo voluntario que sumaba 30 puntos sobre el máximo de 100 reglados. Empezaron haciéndolos 30 o 40 alumnos. Unos trabajos sobresalientes. Pasó el tiempo, y acabaron haciéndolos tres alumnos, y eran tan malos, que tuve que retirar la oferta».
Sobre los tiempos actuales, Enrique Castillo amplió el espectro más allá del área técnica. «Es que tienen problemas de lenguaje. No saben redactar, utilizan palabras que no entienden. Igual hablan de un líder, apostillando que sólo hubo dos mejores que él, lo que me deja perplejo, que dicen 'en resumen' e incluyen cosas que no han contado. Y son alumnos de doctorado. La verdad es que estoy un poco asustado».
Añadió que esta situación no se ha producido de repente y que «no podrán decir, como sucedió con la crisis, que nadie lo había visto venir. La sociedad civil necesita los avances científicos y tecnológicos, y se hacen a base de conocimiento. Ahora estamos viviendo de lo que descubren generaciones anteriores, pero ¿quién los va a hacer el día de mañana si no los están formando hoy? Tenemos la obligación de cambiar algo».
El mismo académico que se confesó «más ingeniero que matemático», ha diseñado «una estructura de trenes de alta velocidad optimizando el rendimiento de las infraestructuras y teniendo en cuenta además los deseos de los usuarios». En ese sentido, Enrique Castillo, mediante modelos matemáticos en los que ha incluido 173 trenes, ha querido averiguar «si se pueden ahorrar infraestructuras ferroviarias, concretamente en vía doble y sencilla, evitando incluso los dos sentidos en los túneles o solamente doble tramo en algunos sitios. No cuesta lo mismo un tramo de 600 kilómetros que ocho o diez de 20 kilómetros. Habría que valorar si es interesante».
Lo que inspira más temor es el tema de los túneles. «A la gente le asusta que por un túnel puedan pasar trenes en un sentido y en el otro, pero la cuestión es que hablamos de altas velocidades, que son siete minutos los que tarda el AVE en cruzar el túnel del Guadarrama. Duplicarlo en algunos tramos está justificado y a lo mejor tenemos que llegar a eso, pero ¿hemos de duplicar todo pensando que dentro de 20 o 30 años hará falta? Bueno, habrá que verlo».
Y dispuesto a hablar de modelos matemáticos, propone la creación de uno para averiguar «qué es más afortunado, adelantar la jubilación para dar entrada a los jóvenes a la vida laboral o retrasarla dejando a los chicos fuera. Yo soy un científico y tendría que desarrollar el modelo para ver qué pasa, pero intuitivamente creo que es más grave el tema de los jóvenes que el de los mayores».

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