sábado, 19 de marzo de 2011


La fuga nuclear en Japón no representa un escenario apocalíptico de destrucción equiparable al accidente en la central nuclear de Chernobyl, y mucho menos la posibilidad de una explosión atómica como las de Hiroshima y Nagasaki, afirmó Alfredo Sandoval Villalbazo, Director del Departamento de Física y Matemáticas de la Universidad Iberoamericana de México"El combustible (nuclear) sigue confinado, no se ha derretido el contenedor y sólo se han planteado escenarios de previsión en las localidades japonesas donde se ubican los reactores, lugares que han sido desalojados hasta cierto radio, para que en el peor de los casos no existan daños en vidas humanas". El experto descartó un sobrecalentamiento de los reactores. De hecho, previó que en los días subsecuentes la situación se normalizará paulatinamente, con un conteo de radiación que disminuirá a los límites de operación adecuados, y por eso "la atención de los ingenieros japoneses y la asesoría del resto del mundo me hace pensar que es improbable que el desastre nuclear se vaya a complicar más".
Lo que sí ocurrirá, dijo, es que dos reactores serán cerrados completamente y confinados en "una especie de sarcófagos", ya que las acciones de emergencia tomadas los echaron a perder al enfriarlos rápidamente, pues se antepuso proteger las vidas humanas a todo costo, lo que implicó bajar drásticamente la temperatura de los reactores para reducir en el menor tiempo posible la emisión de radiación.
El académico de la Universidad Iberoamericana agregó que lo acontecido en Japón provocará que el uso de la energía nuclear quede próximamente en el centro del debate, el cual debe hacerse por completo en el ámbito científico.
Sandoval dijo que la energía nuclear se estaba tomando como una posible alternativa a los hidrocarburos, pero los hechos actuales obligan a "recalibrar todo lo que estamos haciendo", como imponer la necesidad de acelerar la inversión en energía nuclear para volverla totalmente segura, eso implicaría no usar reactores de hace 40 años, fabricados con materiales con propiedades mediocres comparadas a las que hoy en día tienen los nanomateriales, de mayor resistencia mecánica.