martes, 6 de febrero de 2018

Marta Macho: "Vincular la ciencia a la genialidad o a una entrega épica es contraproducente"


Desde el blog ‘Mujeres con ciencia’, de la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco, la matemática Marta Macho-Stadler muestra "referentes de mujeres en el mundo de la ciencia, sus aportaciones, sus dificultades y su pasión por lo que han hecho o hacen". Mañana, 7 de febrero, ofrece en la Escuela-Museo de Origami la charla ‘Cuentos y cuentas enredadas en papel’, donde hablará, "con el papel como hilo conductor, de literatura y matemáticas, de matemáticas y literatura", demostrando que "no hay dos culturas, sino una sola que engloba todos los saberes".
En el periódico digital www.elheraldo.es aparece una entrevista a Marta Macho, realizada por  María Pilar Perla Mateo que transcribimos.

De cerca
- Doctora en Matemáticas por la Universidad Claude Bernard de Lyon.
- Profesora de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) desde 1985.
- Responsable de las secciones de Literatura y Matemáticas y Teatro y Matemáticas del portal Divulgamat de la Real Sociedad Matemática Española (RSME).
- Editora del blog de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU ‘Mujeres con ciencia’.
- Su labor en favor de la igualdad ha sido premiada por la Universidad de Alicante, la RSME y el Gobierno Vasco.

Los techos y las barreras en la progresión de las mujeres en ciencia son, por invisibles, verdaderamente de cristal.
Un problema muy grave en este momento es la falsa percepción de igualdad. Mucha gente concluye que si las niñas no eligen carreras de ciencia (ingenierías, tecnología, etc.) es porque no les gustan y prefieren hacer otra cosa. Pero este argumento es falaz: nadie elige con completa libertad. Los estereotipos sociales, la familia, la escuela, el entorno cercano…, todo contribuye a marcar a niñas y niños, y a dirigirles hacia determinadas actividades.

¿Qué pesa sobre las decisiones de niñas y mujeres?
La principal barrera está marcada por los estereotipos. Desde edades muy tempranas se aprenden, se retienen y te acompañan durante toda tu vida. Aunque ha habido muchas mujeres que han contribuido al progreso científico en todas las ramas de saber, la ciencia ha tenido a pocas protagonistas femeninas conocidas, lo que también lleva a concluir que no es una actividad ‘para mujeres’… ¿Cómo vas a pensar en dedicarte a una Ingeniería informática si no conoces a ninguna mujer en este ámbito? Y más aún, si el estereotipo de persona que se dedica a esta actividad está asociado a un joven ‘friki’, a menudo empollón y desaliñado. ¿Qué niña va a querer entrar en este mundo?

Una de las razones que aleja a los jóvenes de la ciencia como opción de futuro es pensar que es demasiado para ellos, algo que se acentúa aún más en las jóvenes. ¿Nos equivocamos cuando asociamos ciencia y excelencia?
La ciencia es una profesión como otra cualquiera, aunque requiere un esfuerzo grande. Es cierto que vincular la ciencia a la ‘genialidad’, a poseer aptitudes especiales o a una ‘entrega épica’ es contraproducente. La actividad científica requiere trabajo, seriedad y dedicación…, como cualquier otra profesión. Es mucho más efectivo hablar de la importancia social de la ciencia o de las satisfacciones que puede dar a alguien que se dedica a ella.

Al hacer visibles a las mujeres que hacen e hicieron ciencia, a menudo debemos contar historias de superación de múltiples obstáculos, especialmente en el pasado. Esta imagen de heroínas, de supermujeres, ¿puede ser también contraproducente?
Parece que para muchas jóvenes lo llega a ser. Hay que contarles estas historias contextualizando, mostrándoles que eran otros tiempos, que eran mujeres valientes, que nos abrieron paso a las demás. Pero además de hablar de las pioneras –por justicia, porque forman parte de la historia y son ejemplos–, hay que hablar de las científicas de hoy, que estudian, trabajan y luchan, formando parte de equipos que logran avances que ayudan a mejorar la vida de las personas. Que conozcan a mujeres reales y las oigan hablar de su trabajo, con pasión, con ilusión.

¿Qué podemos hacer en favor de la igualdad de oportunidades real en ciencia?
En primer lugar, ser conscientes de que no hay igualdad, en absoluto. Ser aparentemente libres de poder elegir no significa que se pueda hacer. Hay que luchar por abolir estereotipos: desde los juguetes que se regalan hasta los comentarios que realizamos, todo suma. Esto ayudaría a las chicas a elegir carreras en ciencia y tecnología –si así lo desean– con mayor libertad. Después, en el ámbito laboral, los estereotipos siguen marcando y debe ayudarse a las mujeres con políticas que las apoyen.

¿Será 2018 el año de las mujeres?
Ojalá, espero que no se quede en un espejismo. Las denuncias que se están sucediendo están mostrando la realidad que las mujeres han sufrido desde siempre y no se puede aceptar. Estamos en un buen camino porque hay un gran movimiento, desde muchos frentes; ya es imparable. Pero no olvidemos que la educación es la clave para el cambio. Hay que educar, reivindicar, denunciar… y en esta ‘batalla’ los hombres no pueden quedarse al margen. Es labor de todas y de todos.

Miedo a fallar
Aunque algo más de la mitad del alumnado universitario en España son mujeres (54,5%), en Ingeniería su presencia no llega al 26% y en Informática ronda el 12%. ¿Por qué? "La imagen que se nos muestra de alguien dedicado a la tecnología –en particular a la informática– es de un joven ‘friki’, obsesionado por los videojuegos, pegado todo el día a un ordenador", considera Marta Macho. Muchas veces "imaginamos la tecnología vinculada a grandes máquinas, coches…, estereotipos, de nuevo, muy vinculados a ‘lo que gusta’ a los chicos". Por eso aboga por transmitir a las chicas que esos estándares no son reales, "que la gente que se dedica a la informática es como todo el mundo, que la tecnología va mucho más allá de máquinas; hablarles, por ejemplo, de biotecnología, de exoesqueletos o de logros de mujeres en tecnología".
En Matemáticas, "aunque la carrera es bastante paritaria, las alumnas participan poco en clase. Parece que tienen miedo a fallar, a equivocarse. Ellos son mucho más atrevidos, aunque no lo tengan demasiado claro, pero se atreven –y eso es bueno–. Este comportamiento viene inculcado desde edades tempranas".
La autoestima también desempeña su papel. "Las niñas creen, desde muy corta edad, que sus logros son debidos a su trabajo, a que invierten tiempo en hacer las cosas, no a sus especiales aptitudes. Creen que sus compañeros son más inteligentes que ellas. Y es que a los chicos se les anima a que intenten ser los mejores; y eso no pasa con las chicas. Y cuando tantos mensajes a tu alrededor inciden en los mismos estereotipos, te lo acabas creyendo. Deberíamos ser menos protectores con las chicas, estimularlas para que entiendan que ellas son capaces de hacer cualquier cosa… cualquier cosa que hagan los chicos, por supuesto".

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